GENERACIÓN ÉXTASIS


La «cultura rave» es un fenómeno mundial que ha invadido el Perú a través de la clase más acomodada de la sociedad. Para entenderla, emprenderemos un viaje químico hacia el epicentro emocional del establishment juvenil, su juerga y su desenfreno. Un consejo: no olvide su agua sin gas.

«Yo tomé una «pastilla» para danzar en una sala de baile tecnológico. Las luces, el ambiente y el movimiento, pero especialmente la empatía, el fluir del tiempo y de la escena -llena de sincronismos-, me invitaban a descubrir un mundo en el que todo parece estar en su lugar, un mundo cálido que me era desconocido, que se me había escapado hasta ese momento».

Matthew Collin. Estado Alterado.

Escribe: Rubén Barcelli

«En 10 años de música electrónica se ha hecho más que en 30 de rock», sostiene Gino, muy seguro de sí mismo. Nos encontramos sumergidos en uno de los ambientes del lounge Bambuddha, una suerte de sushi-bar minimalista enquistado en el balneario de Asia, esta nueva ciudad fuera de la ciudad, luminosa y estridente.Después de ordenar un Apple Martini, Gino me cuenta que actualmente los locales más exclusivos, como este, tienen reservados días de música electrónica y, además, se distinguen por mostrarle el DJ al público -ya no los mantienen encerrados en cabinas- como si fueran parte de la decoración y estilo del espacio.
Le pregunto porqué cree que la música electrónica ha avanzado con tanta rapidez, como una vorágine. «Todo se basa en la filosofía del rave, en la máxima que guía nuestros pensamientos, en el P.L.U.R: Peace, Love, Union and Respect», afirma a la vez que ingiere una pastilla de éxtasis o XTC. El DJ mezcla un «child out», según Gino una vertiente electrónica inofensiva y temerosa, como un ritmo de bossa novas pulsaciones, como un corazón omnipresente y saludable que permite conversar sin alzar la voz, ideal para la “previa” o el after party. «Para que entiendas mejor de lo que te estoy hablando acompáñame a una «sesión»... ven, no tengas miedo, yo sé que te va a gustar».

La «máxima experiencia»
La Huaca es un infierno muy cerca del mar: desde el techo, grandes reflectores irradian luces rojas, verdes y amarillas, que emprenden testaruda lucha por la supremacía tonal del ecosistema hermético; mujeres y hombres atollan el recinto, sus ropas son psicodélicas, multicolores y muy cortas; un gran écran alterna imágenes del DJ «mezclando» en el escenario con otras sesiones sucedidas en Oslo y Dublín, las tomas cambian muy rápidamente como una catarsis. Nos sentamos en la barra del VIP, Gino fuma, bebe agua sin gas y es presa del sonido tecnológico que al parecer ha conseguido poseerlo. Noto que el efecto de la pastilla -llamada «Adán» por sus primeros comercializadores, pero bautizada como «éxtasis» en las calles de Londres- se ha manifestado: se está poniendo verborreico y quiere bailar. Entonces, comienza a repetir una y otra vez, incansable, que el consumo de XTC es un rito, un estilo de vida.

A Gino no le falta razón, en Estados Unidos, Europa, Asia y en las principales capitales latinoamericanas habita la «cultura rave»: compuesta de la música que celebra la estética de los tonos, la ropa de diseñador, los clubes, los vinilos de colores, además de su meca, la tan cosmopolita Ibiza, y los remixes, los doce pulgadas y las drogas: al ya conocido XTC, se ha sumado recientemente el misterioso rush, una droga que aparenta ser un perfume pero que en realidad es un compuesto a base de ketamina -anestesia para gatos-, cuya manera de consumo es similar a la cocaína. La «cultura rave», este movimiento posmoderno de hedonistas, se formó en los setentas con la convicción de no oponerse a nada, ni criticar el orden social.

Su cultura es abierta a cualquiera que intente dejar de ser parte de la «crowd» -gente común- para convertirse en un «raver» y así conocer el placer de su modus operandi, de sus implicancias y excesos: la sensualidad de los químicos, el baile y su perversidad. Los «ravers», como Gino, son fanáticos de absorver el presente, apáticos que les llega el futuro. Ellos son «virtuales» pues buscan alejarse de lo real para construirse «otra» realidad aleatoria y sintética mediante la eufónica combinación de música más drogas y, por supuesto, harta agua.Pero el éxtasis sólo es un aditivo, un accesorio para sublimar la «máxima experiencia» de esta comunidad. Su médula son las diversas vertientes sublevadas de partituras, libres de cualquier canon musical como el acid, breaks, chill out, electro, electrónica, experimental, gabber, hardcore, hardstyle, hip hop, house, jungle, techno, trance y trip hop. Estas concepciones de la armonía son las que dan origen a la «escena» rave. Gino está seguro que esta efervescencia se apoderará de toda la ciudad dentro de muy poco tiempo.

Oído a la música
Hierve La Huaca poblada de «ravers». Gino me cuenta que inicialmente se insertó en la «movida» por las chicas lindas, la juerga y el ambiente. Ante esto, Matthew Collin, historiador de este movimiento en Londres, asegura que los que por primera vez «prueban» este mundo lo hacen seducidos por la imagen y el status que provee esta «cultura», pero el enganche definitivo se da por la música, la cual define como «un relato sónico en constante evolución, capaz de conjurar una magia situada más allá del lenguaje».Mientras Gino pide al bartender otra botella de agua sin gas, nombra a DJ´s emblemáticos como Sasha, Paul Oakenfold y Danny Rampling; «¡los mejores pinchadores de discos de la historia!», grita, emocionado. Un DJ junta dos canciones usando diferentes velocidades de reproducción, y un ecualizador para crear una pared de sonido cambiante en sus tonos.

Estos artistas graban las «pistas» que luego son reinterpretadas y mezcladas con otras canciones para crear, espontáneamente, una nueva pieza musical. Es conocido que en el circuito de la llamada «generación química» los DJ´s son considerados chamanes contemporáneos que llevan a sus cofradías intoxicadas a la deshinibición de las emociones mediante la perversión de los sentidos. Esto se manifiesta en un baile desestructural y anárquico, que deja a cada «raver» crear irreflexivamente sus propios movimientos. Con ello, se muestra en vitrina la libertad del cuerpo y de la mente que esta cultura protege dentro de sí.

Sin duda, la movida limeña acoge a los «raves» dentro de su lista de propuestas nocturnas, incluso, son la vanguardia. En Lima, los centros nocturnos Traffic, La Sede, Home y el Centro de Convenciones del Hotel María Angola; y en Asia, 43 South, La Huaca, entre otros, son los templos, los anfiteatros de la lujuria. Estas «fiestas tecnológicas» le han cambiado la cara a la noche en las playas del sur y han impuesto que la mayoría de celebraciones universitarias por inicio de ciclo, fin de exámenes parciales y finales sean sesiones «raves».

Gino se aleja de mí sin despedirse, se adentra en aquel tumulto de mujeres y hombres sudorosos que no dejan de moverse, enérgicos y erógenos mientras se acarician unos a otros, como deseándose. Las luces me ciegan y sólo veo siluetas andróginas que bailan a contraluz. Ya no logro distinguirlo, pero sé que se siente como quiere sentirse pues está en el lugar donde –de algún modo- pertenece. Estoy seguro que así es feliz.

DÍAS DE F




Los días y las noches del músico más importante del circuito cultural alternativo en el Perú han cambiado de forma radical desde que inició su carrera a principios de los ochentas. Ya no escribe canciones oscuras, tristes y rabiosas. Ya no sufre de problemas económicos, ni de esa soledad afectiva por la que intentó suicidarse hasta en dos ocasiones. Y eso que con Leusemia alcanzó un éxito insospechado que los convirtió, según muchos entendidos, en la banda peruana más importante que apareció en aquella década.
Ahora, luego de más de 20 años de carrera, con canas que se ocultan bajo una gorra que usa al revés, se confiesa enamorado de su novia, con la que comparte un acogedor e iluminado departamento en Miraflores. Allí pasa los días disfrutando del confort que es poder vivir de la música, como siempre soñó. Pero se sigue considerando un subte y un enemigo de la industria comercial, que, según él, convierte a los artistas en productos empaquetados con todo y código de barras. La publicación de su primer libro, “Los sumergidos pasos del amor – El escenario de las ocasiones perdidas”, y su más reciente disco como solista, “El zafiro de las galas”, lo confirman. En ambos se refleja el actual momento musical, sosegado e íntimo, de Daniel F: el de saberse convertido en una leyenda.
Por Rubén Barcelli Suárez
¿A qué hora te despiertas?
Muy temprano, siempre a las cinco o cinco y cuarto. Duermo cuatro horas máximo, así que comienzo a trabajar en el piano las letras y las artes gráficas de los discos.
¿Diseñas tú mismo las portadas de tus discos?No me queda otra cosa que hacer. Es que todavía no he dejado de ser niño. A mí siempre me han alucinado las portadas de los discos. He querido tener muchos discos con carátulas alucinantes. Por ejemplo, para el disco de “Los Hospicios: Los últimos ciudadanos de la séptima casa de la obscuridad”, trabajé en una portada durante dos años y no me salía. Al final la saqué en 15 minutos.
¿Con qué software trabajas?
No soy diseñador profesional, solo un pata que se mete a la computadora y tantea con las herramientas. Solo uso el Photoshop. De pronto hago un clik y ¡pum! sale algo alucinante, y de casualidad, no es que lo haya pensado.
Foto: Consuelo Vargas

¿Entonces diseñaste la portada de tu más reciente disco "El zafiro de las galas”?
Claro. Lo chévere es que el nombre del disco está basado en dos gatos de mi novia que ya fallecieron: Zafiro y Gala. El disco está inspirado en ellos. Hay una calle por mi barrio en Miraflores donde viven un montón de gatos. Junto con mi novia, somos parte de una mancha de gente que les lleva comida a los gatos. Esa imagen de los gatos acercándose a la comida me cautivó.
¿Te gusta salir a caminar por tu nuevo barrio en Miraflores?
Nunca salgo. Si no fuera músico, pensaría que el mundo termina en el vidrio. Solo salgo para los conciertos. Algo que valoro mucho de ser músico, sobre todo en esta época, es que puedo ociosear. Solo me siento en el sofá y leo o veo televisión. Nada más.
¿Te gustan los juegos de video?
Un montón, pero lo que trato es de no jugar. Los borro de la computadora. Si sé que hay un juego allí, me prendo y ya no estoy para nadie.
¿Qué te gusta leer?
Todo lo que tenga que ver con música y con la vida de los poetas y los pintores. Es un mundo que siempre me ha atraído mucho.
¿Cuáles son tus escritores favoritos?
Rimbaud y Nietzsche.
¿Qué es lo que más te atrae de ellos?
Antes me gustaban más que ahora. Cuando se comienza a indagar acerca de los propios ídolos, uno se decepciona.
¿Crees que tu figura como músico ha sido demasiado mitificada por los medios?
No tanto por los medios, pero sí por el circuito de rock alternativo. Hay mucha gente que se crea fantasías en torno a mí. Cuando me conocen en persona, se decepcionan porque se dan cuenta de que no mato ni a una cucaracha y dejan de ser mis fans. Eso me ha pasado desde los ochentas.
¿Por esos años descubres a Fernando Ubiergo y te viene la idea de grabar “Pienso en ti”, una de sus canciones?
Sí. A él lo descubro por un vecino que me prestó un disco suyo. Nunca se lo devolví. A partir de ese momento me volví un adicto de Ubiergo. Además, en los ochentas produje discos con un tratamiento bastante sombrío y con canciones tristes como “Pienso en ti”. Con esos textos oscuros y dramáticos obtuve una respuesta favorable, pero ya no podía seguir escribiendo esas letras porque ya no me sentía triste. En los noventas eso cambia. Mis canciones se iluminan y se vuelven optimistas.
¿Fue negativo para tu carrera el que te hayas enamorado y te sientas bien contigo mismo?
Eso es un mito. Se piensa que para ser un buen compositor hay que sufrir mucho y eso no es tan así. Creo que para que el proceso creativo sea tal, tiene que haber un tiempo de paz y de sosiego para poder armar el trabajo. Eso lo demuestra Tom Waits, de él decían que era el mejor compositor del mundo cuando estaba en la lona por borracho y drogadicto. De pronto alguien le dio la mano en ese tiempo de crisis y ahora sus discos son superiores a los antiguos. Entonces este caso tira por tierra todo este mito, porque hay que estar en paz para poder crear.
¿En vez de crearte una carrera como solista por qué no hiciste virar de tendencia musical a Leusemia?Es que son dos lenguajes distintos que se complementan en un concierto. Así los conciertos son a la vez duros, sinfónicos y acústicos. Pero al nivel de una producción discográfica ambos lenguajes me parecen muy distantes. Uno es más pomposo y estruendoso. El otro es mucho más íntimo. Es una sola guitarra y una sola voz, la mía. Lo entiendo como algo mucho más progresivo y estructurado.

Foto: Archivo El Comercio

¿Como solista te consideras un trovador, un payador o tal vez un baladista romántico?
No lo sé. Las etiquetas no me interesan. Yo hago canciones y se acabó. Hay gente de trova que me mete en el saco de la trova, pero nada que ver. Para mí lo que hago son simplemente canciones.
¿El que no estés dentro de un género determinado ha pesado para que la industria no haya podido difundir tu música?
Es que no puede, porque no entro en sus estándares. A mí no me pueden empaquetar y vender como ellos quisieran, porque creen que mi música es conflictiva y negativa porque siempre estoy diciendo lisuras. Esas cosas la industria no las soporta. Por eso soy alguien indeseable en la industria formal. Así que sobrevivo al margen de la industria formal.
¿Estás en contra de los músicos que se mueven dentro de la industria comercial?
Son opciones de cada uno. Si a alguien le va muy bien con eso, pues felicitaciones. Yo prefiero estar en este asfalto un poco más ruidoso.
¿Es verdad que hiciste una fiesta en tu casa cuando Gian Marco ganó el Grammy latino?
Sí, claro, es que estaba muy contento porque era la primera vez que un peruano ganaba un premio de esa magnitud, al menos dentro del pop. Gian Marco es un tipo que me cae muy bien, porque tiene opinión. Eso me parece muy bacán dentro de un medio que pretende que seas solamente un monigote mudo, que no tengas opinión política y menos algún rollo ideológico. Esa noche estábamos frente al televisor cruzando los dedos. Igual me pasó Líbido y TK ganaron en los MTV. Bacán, porque son mis patas y están consiguiendo resultados en el extranjero.
¿Te gustaría ganarte una Lengua de MTV?
No, a mí la única lengua que me importa es la de mi novia.
¿Sigues estando a favor de la piratería?
Yo estoy en contra de que tanta gente que está ganando mucho dinero a costa de los artistas. Pero al margen de eso, lo importante es que los bienes culturales no están al alcance de la mayoría. Muchos universitarios no pueden comprar un libro original con el que puedan ser unos mejores profesionales en el futuro. Ante este problema no hay una política cultural, ni siquiera una política penal frente a la verdadera piratería.
¿Te gustaría que pirateen “Los sumergidos pasos del amor – El escenario de las ocasiones perdidas” tu primer libro?
Claro, si le sirve a alguien, en buena hora.
Ha demorado mucho en publicarse...
Lo acabé en el 2000, año en que la editorial me compró los derechos. Lo he revisado luego de tanto tiempo y me doy cuenta de que sigue teniendo vigencia. El libro trata acerca de cómo se gestó la movida rockera subterránea. Son elucubraciones que dan repaso a hechos por donde navegó la movida, como los ‘paskines’ y los ‘demos’. Va a ser necesario cuando se haga una historia del rock en el Perú.
¿Tu generación tuvo éxito cuando, en los ochentas, intentó crear una movida cultural alternativa al circuito de la industria formal?
De hecho que sí. Lo que se logró es que ahora, en un país donde las artes están devaluadas, los artistas no están solos. Si alguien quiere formar una banda sin tener que ser parte de la industria comercial, sabe que hay medios pertenecientes a la movida cultural alternativa creada por los propios músicos que los van a promocionar y que hay un circuito de tocadas del que pueden ser parte. Eso es clave en un país donde los nuevos artistas se mueven dentro de un panorama muy complicado.
Hay mucha gente que habla mal de ti, porque piensa que te has domesticado y te has vuelto un burgués más que vive en Miraflores
Es que no soy ninguna vaca sagrada ni ningún santo que merezca reverencia. La gente es libre de pensar, de opinar y de fantasear. Estoy muy conforme con lo poco que he logrado y ese tipo de comentarios nunca me han afectado.
¿Tienes menos fans ahora que eres feliz?
Al contrario, a partir del cambio de siglo surge un nuevo tipo de público, mucho más abierto a todas las sensaciones. Es un público que trata de difundir lo más que puede al artista a quien admiran. Antes, cuando alguien era fanático de un artista, se lo guardaba para él solo. Ahora el público trata de compartir a ese artista con quien sea. Se aseguran de que se sepa que su ídolo vale la pena. Y además siento que me cuidan. Cuando he escrito algo con tristeza y congoja me llueven correos de gente que está preocupada por mi estado emocional. Donde más se nota esto es en los foros donde se reúnen los fanáticos. Hay un foro de Leusemia con más de 5.000 participantes.
¿Te conectas frecuentemente a este foro?
Siempre. Ahí me he dado cuenta de este cambio de mentalidad, la de ser sensible a todas las expresiones del ser humano. Antes, la gente se cerraba en su género y de ahí no salía. Ahora la gente escucha rock, escucha metal o salsa o bachata, reggaetón o cumbia. Siempre estoy metido ahí, tengo un espacio para mí y respondo preguntas, así sea la cosa más absurda, trato de contestarla. Es la forma más efectiva de comunicar algo. Internet es todo.

TODOS LOS MUNDOS DE NATALIA PARODI


“La dicha es una vocación menos común de lo que uno se imagina”
Simone de Beauvoir

Natalia Parodi ha vivido siempre entre dos mundos: la psicología y el arte. Cursa actualmente una maestría de Terapias Intensivas y es actriz, de teatro. Su incursión en la televisión une ambas facetas. Es una de las conductoras de “Tres G”, el programa de conversación temática de Plus TV, donde –se supone– es la voz de los jóvenes de veintitantos años, esos que todavía no se acostumbran a la idea de ser adultos. Pero ella no parece la menor, tal vez porque es muy preguntona y siempre opina acerca de todo desde su perspectiva de psicóloga. O tal vez porque anda en una constante búsqueda de experiencias de vida.
Así se trasluce la personalidad de Natalia en esta entrevista, como una mujer que siempre quiere asumir retos nuevos, como lo es su debut como guionista en la segunda temporada de la miniserie “Esta sociedad”, que saldría al aire en los próximos meses.
Por Rubén Barcelli Suárez

¿Siempre te ha gustado escribir historias?
En una época me provocó escribir algo así como un diario। Quería registrar pensamientos acerca de la vida, que para mí eran importantes, pero nada más. Eso fue como hace seis años, nunca pensé en escribir de manera profesional.
¿Cómo partió entonces la idea de co-escribir el guión de la nueva temporada de “Esta sociedad”?
Fue a partir de que Javier Echevarría se fue a Colombia y dejó, no solo “Tres G”, sino también el equipo de guionistas de “Esta sociedad”. Y como soy muy amiga de Bruno Ascenzo, me llamó para que integrara el equipo junto con Mariana Silva y Jesús Álvarez. Fui una fresca porque yo soy psicóloga de profesión. Nunca he estudiado para ser guionista, así que la gente especializada en ese tema tendrá justa razón en criticarme. Pero me ha costado muchísimo. A veces me he demorado cuatro horas para escribir una página del guión.
¿Cuál crees que ha sido tu mayor aporte al guión?
Mi punto de vista como psicóloga. Aporté acerca de cómo suelen ser las problemáticas de los adolescentes, que es mi especialidad en psicología.
¿Qué personajes te han cautivado más?
Me han conmovido mucho las chicas: Bibiana y Mirkala. Me ha parecido alucinante escribirlas. La vulnerabilidad de un corazón adolescente es delicioso, toda esa creatividad, el humor, la audacia, la energía.
¿Te gustaría volver a ser adolescente?
No. Es una etapa que cumple su ciclo. En cuanto a creatividad, me encanta. En cuanto a crisis de identidad, no. La adolescencia se trata de encontrar tu identidad y construirla. Es una díada interesante y paradójica. Es construir y deconstruir a la vez. La adolescencia es la etapa en que construyes la base de tu personalidad. Y no quiero volver a pasar por crisis de identidad. Además, lo que más me gusta de la adultez es la autonomía. No quiero volver a pedirle permiso a mi papá para salir. Es una contradicción en mi vida, porque desde que soy grande salgo menos. Antes me quería quedar en la calle hasta las cinco o cinco y media de madrugada. Ahora me acuesto a la una. La más patética. Claro, porque trabajo y termino cansado al final del día. Pero ahora dispongo de mi tiempo, de mi plata y de mis espacios. Eso es lo que no quisiera perder. En la vida uno va conquistando cosas, ¿para qué vas a retroceder? Pero igual me parece una etapa maravillosa.
¿Cuando eras adolescente leíste “El guardián del hielo” de José Watanabe, tu poema favorito?
Lo escuché en una clase que llevaba cuando estudiaba en la Unversidad Católica. Al principio no me dijo nada porque una de las palabras del poema es ‘heladero’ y no me parecía una palabra poética. Pero luego entendí realmente su significado y me pareció fascinante.
¿Por qué te gusta un poema que trata acerca del amor efímero?
No se trata del amor efímero। Se trata de lo eterno de algunos momentos। La eternidad no se puede planear, ni puede lograrse porque tú lo decidiste. Si vives pensando en el futuro no vives lo que te está pasando. Hay que aprovechar todo mientras es. Eso nadie te lo va a quitar.

¿Debido a que valoras tanto estos ‘momentos eternos’ es que te convertiste en actriz, para emprender una especie de búsqueda interior?

Hace dos años que no actúo porque estoy estudiando una maestría relacionada con la terapia a través del arte, que integra estos dos mundos. Esa experiencia me ha regresado a una búsqueda más genuina, de vida, de qué cosas me importan y cuáles me conmueven. Y esa búsqueda se puede dar en cualquier ámbito de mi vida. En “Tres G”, junto con Gianfranco Brero y Giovanni Ciccia, nos preguntamos en cada programa qué cosa hay de interesante en el mundo. Incluso con temas que a mí no me dicen nada trato de entender cómo otras personas se sienten motivadas por determinadas pasiones.
¿Cómo así llegaste a tener un programa de conversación como “Tres G”?
Lo que pasó fue que presenté junto a unos amigos un proyecto de programa de corte juvenil al canal, cuando este todavía se llamaba Antena3. Al final no apostaron por el programa, pero a mí me llamaron para que integrara “Tres G”, que era un proyecto propio del canal.
¿Cómo sientes que se ha ido dando la evolución del programa?
Desde un inicio se pensó que la conducción tenía que fluir naturalmente. Al principio nosotros investigábamos mucho acerca del tema de cada programa. Pero por suerte “Tres G” no es un programa de entrevistas. Nosotros no necesitamos hacernos cargo de todo el contenido, para eso están los invitados.
¿Antes ustedes tomaban más el protagonismo del programa?
Es que sentíamos que era nuestra obligación estar a cargo. Y yo poco a poco me he ido relajando. Antes me concentraba bastante en el tema. Estaba muy seria. Pero ya no. Ahora ya no me parece importante que yo aporte mucho, solo si es necesario. Además de todas tus facetas también eres políglota...Ese término de ‘políglota’ es demasiado. Domino muy bien el inglés y el francés. El italiano lo sé a un nivel básico, pero no puedo comunicarme en italiano. Antes sí podía. El italiano es muy fácil, pero hay que hablarlo constantemente. Es que viajé a Europa y conocí Roma. Me quise quedar a vivir allá, pero me enamoré y me quedé en el Perú.
¿Cómo puede tu esposo lidiar con una agenda tan sobrecargada como la tuya?
Él también trabaja en teatro, así que me entiende. Hasta termina de trabajar antes que yo. Pero siempre hay tiempo. Tenemos una vida de pareja más nocturna que diurna.
¿Te ha cambiado la tele?
Yo no he cambiado, pero sí siento que cualquiera te diría que sí. Nadie va a responder “sí, se me han subido los humos”. Nadie va a admitir una cosa así. Yo tampoco. Lo que sí me ha dado el programa es mucha más apertura hacia las personas. Antes me era muy difícil poder hablar en un grupo de seis personas sobre algo. Yo soy más bien la reina de las conversaciones de café, de a dos. En “Tres G” es más complicado, porque tienen que entretejerse los comentarios. Eso lo he aprendido gracias al programa. He desarrollado una habilidad que no tenía.
¿La gente ha cambiado de actitud frente a ti?
He percibido un mayor reconocimiento de la gente, que se siente bien. Pero no es masivo ni abrumador. Es una señora que se me acerca en un restaurante, con total naturalidad y sin nada de idealización, porque me conocen como conductora de televisión, no como actriz. Entonces me sienten mucho más cercana. No me piden autógrafos y eso me encanta. Si alguna vez alguien lo hace, se lo doy, pero es bacán que la gente no necesite una reliquia de mí.
Tu frase favorita es “La dicha es una vocación menos común de lo que uno se imagina”, de Simone de Beauvoir.
Me parece muy importante saber que no mucha gente se pone como meta ser feliz. Es vital reflexionar acerca del hecho de que si uno no va en esa dirección, nunca va a llegar. Hay que tenerlo en mente.
¿Eres feliz ya?
Sí, soy feliz. Bastante feliz. Pero no plenamente. Creo que eso se construye siempre. No sé si llegue un momento en mi vida en que me sienta completa. No creo. Todavía tengo pendientes algunos logros que quiero conseguir. Si eso se trunca sería un poco frustrante. Quiero lograrlos.