Mister Gonzo


Fe de ratas: esta columna la publiqué en la olvidada revista Quinto Poder, en agosto de 2005. Está de más decir que el tema Hunter Thompson sigue (y seguirá) vigente.

El pasado 20 de agosto se realizó el excéntrico funeral del creador del catártico “periodismo gonzo”, Hunter Thompson. El legendario escritor estadounidense logró adherir su movimiento al llamado “nuevo periodismo norteamericano” el cual lideró junto con Gay Talese y Truman Capote.

Se cumplió después de varios meses la última voluntad del genial y sicótico Hunter Thompson. Sus cenizas volaron desde un cañón bajo la comparsa de estruendosos fuegos artificiales. Los colores cegadores que sobrepoblaron el cielo por unos cuantos minutos emocionaron al actor Johnny Depp (amigo del escritor y protagonista de “Miedo y asco en Las Vegas”, película basada en uno de sus libros), Sean Penn, Jack Nicholson y a unos 300 asistentes. El polvo visceral desapareció en la atmósfera a unos 100 metros de altura.

Fue como una vorágine o una emoción reveladora, o tal vez como vómito simbólico. Como un disparate que desconecta lo encendido.

Así, de repente, como cuando fundó el género periodístico que llamó “gonzo” en 1970.

Durante una cobertura del Derby de Kentucky, apremiado por el cierre de la publicación, sentía que le iba a explotar la cabeza. “Finalmente empecé a escupir palabras en mi libreta de apuntes, a numerar las páginas y enviarlas para su impresión. Estaba convencido que era el último artículo que jamás iba a hacer para alguien”. Sin embargo, el texto que envió le encantó a su editor. Los lectores enviaron cartas al diario felicitándolo por ese brutal estilo de sinceridad. Ese estilo en el que el autor es parte de la historia.Explosivo, hiriente y satírico.Thompson narraba historias acronicazas, incongruentes y delirantes en primera persona. Era su única garantía para describir correctamente un suceso o sus propias experiencias. Un alejamiento del reportaje tradicional que lo acercó a la intimidad pública. Al éxito solo por ser subjetivo, es decir, loco, es decir, “gonzo”. “Esa palabra la utilizaba un amigo mío siempre ‘pasadísimo’, para referirse a esas personas que tienen la mente peor que los locos”.Cada mañana desafiaba a la cordura —eso que los periodistas llamamos “objetividad”— apoderado de una máquina de escribir. Retando a la mediocridad. Bebiendo whisky, fumando, consumiendo estupefacientes, escribiendo y escribiendo para ser distinto. Para distanciarse cada vez más de lo común. Hasta los límites más alucinantes de la locura.
Pero él quería más.
El pasado 20 de febrero se suicidó.
Hasta siempre, Mister Gonzo.

El último trago de Lowry



Viaje al Cuernavaca de 'Bajo el volcán' en el centenario del nacimiento de su autor


Crearse un infierno para luego escribirlo -que es la definición de la vida de Malcolm Lowry en México- podría servir también para mis relaciones amorosas. La penúltima vez que vine a la ciudad de Bajo el volcán, Cuernavaca, fue tratando de presionar a una mujer cuatro años menor que yo para que dejara por un fin de semana la casa de su madre.

Crearse un infierno para luego escribirlo -que es la definición de la vida de Malcolm Lowry en México- podría servir también para mis relaciones amorosas. La penúltima vez que vine a la ciudad de Bajo el volcán, Cuernavaca, fue tratando de presionar a una mujer cuatro años menor que yo para que dejara por un fin de semana la casa de su madre. La esperé sobre una cama de hotel que crujía, sobresaltado por los cambios de voltaje del minibar, y escribí lo que, después, se convertiría en un cuento y, más tarde, en una novela. Esa primera vez, en 1989, noté lo que Malcolm alucinó: los volcanes míticos, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, el guerrero y su mujer dormida, no se ven desde Cuernavaca. Entre la contaminación porque los autos se taponan en las callejuelas -la ciudad colonial debería ser, toda, de peatones pero, hasta en el cementerio hay un letrero como los que divertían tanto a Lowry: "Prohibido andar en bicicleta entre las tumbas"-, digo, entre el humo de la combustión que exige ir en auto a una cuadra de distancia, las casas y los árboles, uno no sabe que está bajo un volcán. Además, Malcolm los describió demasiado cerca. Hay que salir de la ciudad para verlos.

En el tiempo en que Lowry llegó -18 de noviembre de 1936, tras desembarcar en Acapulco-, la ciudad era más plana -tenía menos de ocho mil habitantes, muy lejos de los más de 300.000 de ahora- y se veía un volcán, pero no creo que haya exagerado la violencia a flor de piel de esos años: después de todo había pasado apenas una década del asesinato de Zapata y la destrucción de su ejército campesino en Cuernavaca y todo Morelos. Ahora, a la entrada de la ciudad está la estatua del caudillo de la tierra y la libertad, justo donde Lowry imaginó una imposible efigie de Victoriano Huerta, el general golpista que provocó que se levantara contra él el resto de México y no sólo los zapatistas. No hay estatuas de Huerta en ningún sitio. Como no hay de Hernán Cortés. En Bajo el volcán, Lowry describe un rencor de los mexicanos hacia los extranjeros: ubica la trama en el año en que Cárdenas nacionalizó el petróleo de las compañías británicas y gringas -1938- pero él vivió en México con la llegada de los refugiados españoles de la Guerra Civil, por lo que Hugh, el medio hermano del ex cónsul borracho -por eso es "ex", por la ruptura de relaciones diplomáticas con Gran Bretaña- alucina que lo detendrán por "judío o comunista". Probablemente Lowry se hubiera divertido al saber que los comunistas españoles -y más tarde, los judíos perseguidos por el nazismo- estaban llegando a la ciudad de México en tandas.

Conquista española y Guerra Civil española. Creo entender por qué Lowry pensó que los mexicanos y los europeos tienen un amor torcido. También yo lo pienso.
Otro detalle conmovió a Lowry: el Palacio de Maximiliano en Cuernavaca, el lugar de descanso del emperador Napoleón III en México que llegó a tratar de aprender español, a congraciarse con la élite de oropel, y terminó fusilado por Benito Juárez en el Cerro de las Campanas. En 1989 yo tenía planeada una visita al Palacio que es de color naranja y techo de tejas, con un pequeño lago donde nadan los patos. Y, como digo, la esperé todo el día y nunca llegó. Los amantes distanciados que Lowry vio en los volcanes, en las guerras mexicanas, y en su propia separación, en Cuernavaca, de la actriz frustrada Jan Gabrial, la viví, en carne viva, a los 21 años. No me dio por beber -bueno, un poco- y tampoco hice Bajo el volcán. Pero sobreviví. Y no la mandé fusilar. Tampoco se llamaba Jan.

Cuento todo esto porque estoy yendo por tercera vez a Cuernavaca en estos días en que los borrachos del mundo celebran el centenario de Malcolm Lowry. La anterior vez fue en 2003 cuando empezó la destrucción del Casino de la Selva, hotel en el que comienza la novela con Jacques Laruelle y el doctor Arturo Vigil hablando de la mala suerte del ex cónsul británico, Geoffrey Firmin, y su ex esposa, Ivonne. El Casino de la Selva estaba abandonado desde los años en que Malcolm Lowry lo frecuentó: no se apostaba -Cárdenas era enemigo del azar-, la alberca estaba sucia con hojas e insectos, las canchas de tenis invadidas por la hierba. Así lo conocí de niño, como un vestigio de un esplendor que sólo prometió. Pero en 2003 lo demolían para construir un centro comercial. La batalla por un lugar histórico -adentro del Casino de la Selva estaba habitado por murales sobre la conquista española- en contra del gran capital era digna de un discurso del hermano comunista del ex cónsul en Bajo el volcán. Fue cuando me lancé a ver qué ocurría. La construcción detenida por los manifestantes, la policía acechando, todo el mundo hablando en términos lowrianos: el pasado rebrota para vengarse del presente o, en palabras más nuevas, la lucha era de la cultura contra el dinero. La policía de Cuernavaca y Morelos actuó como si los que protestaban fueran guerrilleros zapatistas: los golpeó y encarceló. Entre ellos a varios pintores, actores, cineastas, profesores universitarios. La ciudad quedó sonámbula tras la entrada policiaca, pasmada. Al final, el motín esperado por todos no sucedió: los presos fueron liberados y se levantó una grotesca bodega de Cotsco en cuyo extremo hay un jardín muy cuidado y el mural restaurado, todo con el dinero del centro comercial. Una solución política, como si el matrimonio de Lowry y Jan en Cuernavaca hubiera llegado a un acuerdo: él sólo se puede emborrachar el fin de semana y ella abandonarlo cada seis meses.
Vengo ahora a la soleada Cuernavaca a rendirle un homenaje a Lowry. Muchas de sus cantinas han desaparecido, convertidas en oficinas, hoteles, cafés Internet. La Cuernavaca del centenario de Malcolm es la de las casas de campo con alberca, donde los indios son los jardineros o las recamareras de los hoteles. Pero, también, la de la clase media que compró hace tres décadas las casas abandonadas de la zona colonial.

En el número 62 de la calle de Humboldt sigue escasamente en pie la ebria casa que habitaron Lowry, Jan y, por unos días, Conrad Aiken, el envidioso escritor que usó el alcohol para separarlos. A la casa blanca con óxido por todos lados le crecen enredaderas como cascadas. Tiene dos pisos y una terraza desde la que Lowry y Aiken se emborracharon. Ahí está la alberca de Bajo el volcán donde el ex cónsul ve a su ex mujer y a su medio hermano conversando sobre su adicción al alcohol. Está llena de agua hasta donde esta exigua temporada de lluvias lo ha permitido: las hojas secas flotando en una especie de lodo. Tiene en el extremo izquierdo una torre como la que se describe en Bajo el volcán, y en cuya barda estaba uno de los tantos letreros que Lowry cita: "No se puede vivir sin amor". La cita ya no existe, sólo en el libro.

Los zanates, esos pájaros que Lowry confunde en la novela con cuervos, discuten en los árboles sobre el atardecer. Me asomo por una ventana rota y toco a la puerta. No parece vivir alguien ahí. Al fondo, alcanzo a ver una mesa de madera roída con un jarrón desportillado encima. Me quedo un rato merodeando mientras fumo -cigarros Alas, los preferidos de Lowry en México- y alcanzo a pensar lo que podría significar para Malcolm volver a esa casa con las enredaderas creciendo fuera de control y el óxido sobre el muro blanco: la vida es sólo otra forma de la muerte, el mal como otra mentira del bien, la embriaguez como una protesta contra el sinsentido, matarse a plazos porque un día nos vamos a morir. O, como diría el cómico Tin Tan, unos años después de que Lowry se fuera de México: "Mátenme porque me muero".

Me meto a la primera cantina que veo para tomarme un mezcal a la salud del loco Lowry. Como todo en Bajo el volcán, en Cuernavaca, en México, la cantina tiene un lema hilarante: "Gentiles son los hombres dados a la ociosidad". La idea del mezcal en Cuernavaca es una transposición literaria de Lowry: lo tomó hasta el delirio en Oaxaca con su amiguete Juan Fernando Márquez, al que le dedica Oscuro como la tumba donde yace mi amigo. A lo mejor Márquez no existió y Lowry se la pasó en El Farolito de Oaxaca como yo aquí en Cuernavaca: bebiendo solo. El mesero me muestra la botella de mezcal. La etiqueta hubiera divertido a Lowry y, quizás, más a Jan: "Mezcalm Lowry. A punto de veneno". Y me siento a beber. Abro la libreta y pienso en Lowry y, con el paso de los tragos, en amores. (Publicado por Elpaís.com)

El viejo y La Habana




TRAS LOS PASOS DE ERNEST HEMINGWAY EN CUBA. Desde que la pisó por primera vez, en 1932, el errante y aventurero novelista norteamericano solo abandonaría la isla para suicidarse. Los lugares donde residió, bebió y escribió durante 28 años hoy son museos y sitios de peregrinación cultural. Esta es la ruta Hemingway.

Por Rubén Barcelli

La Habana Vieja. Cruce de la calle Obispo con Mercaderes. Hotel Ambos Mundos. Habitación 511. Ernest Hemingway desayuna leche fría y un pan. Las puertas abiertas de la terraza dejan ver una mañana típica cubana a pleno sol. La Catedral, los techos de los solares y algunas humildes embarcaciones desperdigadas en la bahía. Se sienta a la mesa desordenada por tantos libros y revistas de viajes. Corre el carrete de su máquina de escribir Royal y coloca otro papel bajo el fijador.
“Ya sabes cómo es La Habana por la mañana temprano, con los vagabundos que duermen todavía recostados a las paredes; aun antes de que los camiones de las neverías traigan el hielo a los bares”. Tener y no tener.
Este hotel de arquitectura ecléctica y afrancesada fue su primer hospedaje en la isla, donde escribió en su totalidad las Crónicas de pesca y los primeros capítulos de la novela Por quién dobla las campanas, entre otros textos. La habitación que siempre ocupó ha sido convertida en un pequeño museo.
Hoy, basta con entrar al hotel, pagar cinco pesos convertibles o seis dólares y dejar que el guía, don Ramiro —un Hemingway a la cubana, gordo y encorvado, de guayabera crema y barba blanca y tupida—, explique la rutina diaria del escritor. Ese trozo de tiempo que pasó dándole frenéticamente a las teclas, cuando no estaba en el mar pescando peces de aguja en su buque El Pilar o deambulando por los bares y cafés de la ciudad.
ELIXIR LITERARIO
Según la leyenda, fue en el restaurante El Floridita donde lo apodaron cariñosamente como “El Papa”. Al escritor solo le bastaba caminar unas cuadras desde Ambos Mundos por la calle Obispo hasta la esquina con Moserrate, siempre en La Habana Vieja de los años 30. Allí, en una esquina de la barra, almorzaba platos a base de pescados y mariscos y bebía su preferido daiquirí —ron cubano, limón, azúcar, gotas de marrasquino y polvo de hielo— mientras departía con las personalidades de la época, puro en mano.
Casi 50 años después, “El Papa” sigue sentado en la barra, sonriente. A fines de 2004 fue instalada, precisamente en el rincón donde le gustaba sentarse, una robusta estatua de bronce en tamaño natural, camisa remangada y sandalias. Los trabajadores le colocan diariamente un daiquirí a manera de tributo. Aquel gesto convertido en tradición atrae a sedientas hordas de turistas que, acalorados por el sol tropical, beben, beben y beben y se toman fotos abrazándolo.
LA FINCA Y FIDEL
Pero el arraigo definitivo de Hemingway en Cuba se produjo en 1940, cuando compró la Finca Vigía a pedido de su esposa, Marta Gelhorn. La propiedad, ubicada en la localidad San Francisco de Paula, era ideal para huir de los tantos amigos y curiosos que constantemente lo interrumpían en sus horas de escritura. A la vez, debido a su cercanía a La Habana —25 kilómetros—, podía regresar en poco tiempo a su circuito bohemio y a sus travesías de pesca en El Pilar. La idea era alejarse, pero no demasiado.
Allí escribió su obra más celebre, El viejo y el mar. Cuentan los que solían visitarlo en aquellos años, que los pisos y las paredes de todos los ambientes estaban cubiertas de papeles. “El Papa” daba vueltas por la casa leyendo, corrigiendo y releyendo los capítulos de la obra por la que recibió el Premio Nóbel en 1954.
Apenas conocida su muerte, en 1961, Fidel Castro ordenó que la finca se convirtiera en museo en homenaje al escritor. Y así se mantiene hasta hoy, como un lugar donde se exhiben libros, discos, muebles, pinturas y animales disecados empotrados en la sala. También, fotos —muchas fotos— que relatan la vida de Hemingway en Cuba. La vida de todo un revolucionario.

GENERACIÓN ÉXTASIS


La «cultura rave» es un fenómeno mundial que ha invadido el Perú a través de la clase más acomodada de la sociedad. Para entenderla, emprenderemos un viaje químico hacia el epicentro emocional del establishment juvenil, su juerga y su desenfreno. Un consejo: no olvide su agua sin gas.

«Yo tomé una «pastilla» para danzar en una sala de baile tecnológico. Las luces, el ambiente y el movimiento, pero especialmente la empatía, el fluir del tiempo y de la escena -llena de sincronismos-, me invitaban a descubrir un mundo en el que todo parece estar en su lugar, un mundo cálido que me era desconocido, que se me había escapado hasta ese momento».

Matthew Collin. Estado Alterado.

Escribe: Rubén Barcelli

«En 10 años de música electrónica se ha hecho más que en 30 de rock», sostiene Gino, muy seguro de sí mismo. Nos encontramos sumergidos en uno de los ambientes del lounge Bambuddha, una suerte de sushi-bar minimalista enquistado en el balneario de Asia, esta nueva ciudad fuera de la ciudad, luminosa y estridente.Después de ordenar un Apple Martini, Gino me cuenta que actualmente los locales más exclusivos, como este, tienen reservados días de música electrónica y, además, se distinguen por mostrarle el DJ al público -ya no los mantienen encerrados en cabinas- como si fueran parte de la decoración y estilo del espacio.
Le pregunto porqué cree que la música electrónica ha avanzado con tanta rapidez, como una vorágine. «Todo se basa en la filosofía del rave, en la máxima que guía nuestros pensamientos, en el P.L.U.R: Peace, Love, Union and Respect», afirma a la vez que ingiere una pastilla de éxtasis o XTC. El DJ mezcla un «child out», según Gino una vertiente electrónica inofensiva y temerosa, como un ritmo de bossa novas pulsaciones, como un corazón omnipresente y saludable que permite conversar sin alzar la voz, ideal para la “previa” o el after party. «Para que entiendas mejor de lo que te estoy hablando acompáñame a una «sesión»... ven, no tengas miedo, yo sé que te va a gustar».

La «máxima experiencia»
La Huaca es un infierno muy cerca del mar: desde el techo, grandes reflectores irradian luces rojas, verdes y amarillas, que emprenden testaruda lucha por la supremacía tonal del ecosistema hermético; mujeres y hombres atollan el recinto, sus ropas son psicodélicas, multicolores y muy cortas; un gran écran alterna imágenes del DJ «mezclando» en el escenario con otras sesiones sucedidas en Oslo y Dublín, las tomas cambian muy rápidamente como una catarsis. Nos sentamos en la barra del VIP, Gino fuma, bebe agua sin gas y es presa del sonido tecnológico que al parecer ha conseguido poseerlo. Noto que el efecto de la pastilla -llamada «Adán» por sus primeros comercializadores, pero bautizada como «éxtasis» en las calles de Londres- se ha manifestado: se está poniendo verborreico y quiere bailar. Entonces, comienza a repetir una y otra vez, incansable, que el consumo de XTC es un rito, un estilo de vida.

A Gino no le falta razón, en Estados Unidos, Europa, Asia y en las principales capitales latinoamericanas habita la «cultura rave»: compuesta de la música que celebra la estética de los tonos, la ropa de diseñador, los clubes, los vinilos de colores, además de su meca, la tan cosmopolita Ibiza, y los remixes, los doce pulgadas y las drogas: al ya conocido XTC, se ha sumado recientemente el misterioso rush, una droga que aparenta ser un perfume pero que en realidad es un compuesto a base de ketamina -anestesia para gatos-, cuya manera de consumo es similar a la cocaína. La «cultura rave», este movimiento posmoderno de hedonistas, se formó en los setentas con la convicción de no oponerse a nada, ni criticar el orden social.

Su cultura es abierta a cualquiera que intente dejar de ser parte de la «crowd» -gente común- para convertirse en un «raver» y así conocer el placer de su modus operandi, de sus implicancias y excesos: la sensualidad de los químicos, el baile y su perversidad. Los «ravers», como Gino, son fanáticos de absorver el presente, apáticos que les llega el futuro. Ellos son «virtuales» pues buscan alejarse de lo real para construirse «otra» realidad aleatoria y sintética mediante la eufónica combinación de música más drogas y, por supuesto, harta agua.Pero el éxtasis sólo es un aditivo, un accesorio para sublimar la «máxima experiencia» de esta comunidad. Su médula son las diversas vertientes sublevadas de partituras, libres de cualquier canon musical como el acid, breaks, chill out, electro, electrónica, experimental, gabber, hardcore, hardstyle, hip hop, house, jungle, techno, trance y trip hop. Estas concepciones de la armonía son las que dan origen a la «escena» rave. Gino está seguro que esta efervescencia se apoderará de toda la ciudad dentro de muy poco tiempo.

Oído a la música
Hierve La Huaca poblada de «ravers». Gino me cuenta que inicialmente se insertó en la «movida» por las chicas lindas, la juerga y el ambiente. Ante esto, Matthew Collin, historiador de este movimiento en Londres, asegura que los que por primera vez «prueban» este mundo lo hacen seducidos por la imagen y el status que provee esta «cultura», pero el enganche definitivo se da por la música, la cual define como «un relato sónico en constante evolución, capaz de conjurar una magia situada más allá del lenguaje».Mientras Gino pide al bartender otra botella de agua sin gas, nombra a DJ´s emblemáticos como Sasha, Paul Oakenfold y Danny Rampling; «¡los mejores pinchadores de discos de la historia!», grita, emocionado. Un DJ junta dos canciones usando diferentes velocidades de reproducción, y un ecualizador para crear una pared de sonido cambiante en sus tonos.

Estos artistas graban las «pistas» que luego son reinterpretadas y mezcladas con otras canciones para crear, espontáneamente, una nueva pieza musical. Es conocido que en el circuito de la llamada «generación química» los DJ´s son considerados chamanes contemporáneos que llevan a sus cofradías intoxicadas a la deshinibición de las emociones mediante la perversión de los sentidos. Esto se manifiesta en un baile desestructural y anárquico, que deja a cada «raver» crear irreflexivamente sus propios movimientos. Con ello, se muestra en vitrina la libertad del cuerpo y de la mente que esta cultura protege dentro de sí.

Sin duda, la movida limeña acoge a los «raves» dentro de su lista de propuestas nocturnas, incluso, son la vanguardia. En Lima, los centros nocturnos Traffic, La Sede, Home y el Centro de Convenciones del Hotel María Angola; y en Asia, 43 South, La Huaca, entre otros, son los templos, los anfiteatros de la lujuria. Estas «fiestas tecnológicas» le han cambiado la cara a la noche en las playas del sur y han impuesto que la mayoría de celebraciones universitarias por inicio de ciclo, fin de exámenes parciales y finales sean sesiones «raves».

Gino se aleja de mí sin despedirse, se adentra en aquel tumulto de mujeres y hombres sudorosos que no dejan de moverse, enérgicos y erógenos mientras se acarician unos a otros, como deseándose. Las luces me ciegan y sólo veo siluetas andróginas que bailan a contraluz. Ya no logro distinguirlo, pero sé que se siente como quiere sentirse pues está en el lugar donde –de algún modo- pertenece. Estoy seguro que así es feliz.

DÍAS DE F




Los días y las noches del músico más importante del circuito cultural alternativo en el Perú han cambiado de forma radical desde que inició su carrera a principios de los ochentas. Ya no escribe canciones oscuras, tristes y rabiosas. Ya no sufre de problemas económicos, ni de esa soledad afectiva por la que intentó suicidarse hasta en dos ocasiones. Y eso que con Leusemia alcanzó un éxito insospechado que los convirtió, según muchos entendidos, en la banda peruana más importante que apareció en aquella década.
Ahora, luego de más de 20 años de carrera, con canas que se ocultan bajo una gorra que usa al revés, se confiesa enamorado de su novia, con la que comparte un acogedor e iluminado departamento en Miraflores. Allí pasa los días disfrutando del confort que es poder vivir de la música, como siempre soñó. Pero se sigue considerando un subte y un enemigo de la industria comercial, que, según él, convierte a los artistas en productos empaquetados con todo y código de barras. La publicación de su primer libro, “Los sumergidos pasos del amor – El escenario de las ocasiones perdidas”, y su más reciente disco como solista, “El zafiro de las galas”, lo confirman. En ambos se refleja el actual momento musical, sosegado e íntimo, de Daniel F: el de saberse convertido en una leyenda.
Por Rubén Barcelli Suárez
¿A qué hora te despiertas?
Muy temprano, siempre a las cinco o cinco y cuarto. Duermo cuatro horas máximo, así que comienzo a trabajar en el piano las letras y las artes gráficas de los discos.
¿Diseñas tú mismo las portadas de tus discos?No me queda otra cosa que hacer. Es que todavía no he dejado de ser niño. A mí siempre me han alucinado las portadas de los discos. He querido tener muchos discos con carátulas alucinantes. Por ejemplo, para el disco de “Los Hospicios: Los últimos ciudadanos de la séptima casa de la obscuridad”, trabajé en una portada durante dos años y no me salía. Al final la saqué en 15 minutos.
¿Con qué software trabajas?
No soy diseñador profesional, solo un pata que se mete a la computadora y tantea con las herramientas. Solo uso el Photoshop. De pronto hago un clik y ¡pum! sale algo alucinante, y de casualidad, no es que lo haya pensado.
Foto: Consuelo Vargas

¿Entonces diseñaste la portada de tu más reciente disco "El zafiro de las galas”?
Claro. Lo chévere es que el nombre del disco está basado en dos gatos de mi novia que ya fallecieron: Zafiro y Gala. El disco está inspirado en ellos. Hay una calle por mi barrio en Miraflores donde viven un montón de gatos. Junto con mi novia, somos parte de una mancha de gente que les lleva comida a los gatos. Esa imagen de los gatos acercándose a la comida me cautivó.
¿Te gusta salir a caminar por tu nuevo barrio en Miraflores?
Nunca salgo. Si no fuera músico, pensaría que el mundo termina en el vidrio. Solo salgo para los conciertos. Algo que valoro mucho de ser músico, sobre todo en esta época, es que puedo ociosear. Solo me siento en el sofá y leo o veo televisión. Nada más.
¿Te gustan los juegos de video?
Un montón, pero lo que trato es de no jugar. Los borro de la computadora. Si sé que hay un juego allí, me prendo y ya no estoy para nadie.
¿Qué te gusta leer?
Todo lo que tenga que ver con música y con la vida de los poetas y los pintores. Es un mundo que siempre me ha atraído mucho.
¿Cuáles son tus escritores favoritos?
Rimbaud y Nietzsche.
¿Qué es lo que más te atrae de ellos?
Antes me gustaban más que ahora. Cuando se comienza a indagar acerca de los propios ídolos, uno se decepciona.
¿Crees que tu figura como músico ha sido demasiado mitificada por los medios?
No tanto por los medios, pero sí por el circuito de rock alternativo. Hay mucha gente que se crea fantasías en torno a mí. Cuando me conocen en persona, se decepcionan porque se dan cuenta de que no mato ni a una cucaracha y dejan de ser mis fans. Eso me ha pasado desde los ochentas.
¿Por esos años descubres a Fernando Ubiergo y te viene la idea de grabar “Pienso en ti”, una de sus canciones?
Sí. A él lo descubro por un vecino que me prestó un disco suyo. Nunca se lo devolví. A partir de ese momento me volví un adicto de Ubiergo. Además, en los ochentas produje discos con un tratamiento bastante sombrío y con canciones tristes como “Pienso en ti”. Con esos textos oscuros y dramáticos obtuve una respuesta favorable, pero ya no podía seguir escribiendo esas letras porque ya no me sentía triste. En los noventas eso cambia. Mis canciones se iluminan y se vuelven optimistas.
¿Fue negativo para tu carrera el que te hayas enamorado y te sientas bien contigo mismo?
Eso es un mito. Se piensa que para ser un buen compositor hay que sufrir mucho y eso no es tan así. Creo que para que el proceso creativo sea tal, tiene que haber un tiempo de paz y de sosiego para poder armar el trabajo. Eso lo demuestra Tom Waits, de él decían que era el mejor compositor del mundo cuando estaba en la lona por borracho y drogadicto. De pronto alguien le dio la mano en ese tiempo de crisis y ahora sus discos son superiores a los antiguos. Entonces este caso tira por tierra todo este mito, porque hay que estar en paz para poder crear.
¿En vez de crearte una carrera como solista por qué no hiciste virar de tendencia musical a Leusemia?Es que son dos lenguajes distintos que se complementan en un concierto. Así los conciertos son a la vez duros, sinfónicos y acústicos. Pero al nivel de una producción discográfica ambos lenguajes me parecen muy distantes. Uno es más pomposo y estruendoso. El otro es mucho más íntimo. Es una sola guitarra y una sola voz, la mía. Lo entiendo como algo mucho más progresivo y estructurado.

Foto: Archivo El Comercio

¿Como solista te consideras un trovador, un payador o tal vez un baladista romántico?
No lo sé. Las etiquetas no me interesan. Yo hago canciones y se acabó. Hay gente de trova que me mete en el saco de la trova, pero nada que ver. Para mí lo que hago son simplemente canciones.
¿El que no estés dentro de un género determinado ha pesado para que la industria no haya podido difundir tu música?
Es que no puede, porque no entro en sus estándares. A mí no me pueden empaquetar y vender como ellos quisieran, porque creen que mi música es conflictiva y negativa porque siempre estoy diciendo lisuras. Esas cosas la industria no las soporta. Por eso soy alguien indeseable en la industria formal. Así que sobrevivo al margen de la industria formal.
¿Estás en contra de los músicos que se mueven dentro de la industria comercial?
Son opciones de cada uno. Si a alguien le va muy bien con eso, pues felicitaciones. Yo prefiero estar en este asfalto un poco más ruidoso.
¿Es verdad que hiciste una fiesta en tu casa cuando Gian Marco ganó el Grammy latino?
Sí, claro, es que estaba muy contento porque era la primera vez que un peruano ganaba un premio de esa magnitud, al menos dentro del pop. Gian Marco es un tipo que me cae muy bien, porque tiene opinión. Eso me parece muy bacán dentro de un medio que pretende que seas solamente un monigote mudo, que no tengas opinión política y menos algún rollo ideológico. Esa noche estábamos frente al televisor cruzando los dedos. Igual me pasó Líbido y TK ganaron en los MTV. Bacán, porque son mis patas y están consiguiendo resultados en el extranjero.
¿Te gustaría ganarte una Lengua de MTV?
No, a mí la única lengua que me importa es la de mi novia.
¿Sigues estando a favor de la piratería?
Yo estoy en contra de que tanta gente que está ganando mucho dinero a costa de los artistas. Pero al margen de eso, lo importante es que los bienes culturales no están al alcance de la mayoría. Muchos universitarios no pueden comprar un libro original con el que puedan ser unos mejores profesionales en el futuro. Ante este problema no hay una política cultural, ni siquiera una política penal frente a la verdadera piratería.
¿Te gustaría que pirateen “Los sumergidos pasos del amor – El escenario de las ocasiones perdidas” tu primer libro?
Claro, si le sirve a alguien, en buena hora.
Ha demorado mucho en publicarse...
Lo acabé en el 2000, año en que la editorial me compró los derechos. Lo he revisado luego de tanto tiempo y me doy cuenta de que sigue teniendo vigencia. El libro trata acerca de cómo se gestó la movida rockera subterránea. Son elucubraciones que dan repaso a hechos por donde navegó la movida, como los ‘paskines’ y los ‘demos’. Va a ser necesario cuando se haga una historia del rock en el Perú.
¿Tu generación tuvo éxito cuando, en los ochentas, intentó crear una movida cultural alternativa al circuito de la industria formal?
De hecho que sí. Lo que se logró es que ahora, en un país donde las artes están devaluadas, los artistas no están solos. Si alguien quiere formar una banda sin tener que ser parte de la industria comercial, sabe que hay medios pertenecientes a la movida cultural alternativa creada por los propios músicos que los van a promocionar y que hay un circuito de tocadas del que pueden ser parte. Eso es clave en un país donde los nuevos artistas se mueven dentro de un panorama muy complicado.
Hay mucha gente que habla mal de ti, porque piensa que te has domesticado y te has vuelto un burgués más que vive en Miraflores
Es que no soy ninguna vaca sagrada ni ningún santo que merezca reverencia. La gente es libre de pensar, de opinar y de fantasear. Estoy muy conforme con lo poco que he logrado y ese tipo de comentarios nunca me han afectado.
¿Tienes menos fans ahora que eres feliz?
Al contrario, a partir del cambio de siglo surge un nuevo tipo de público, mucho más abierto a todas las sensaciones. Es un público que trata de difundir lo más que puede al artista a quien admiran. Antes, cuando alguien era fanático de un artista, se lo guardaba para él solo. Ahora el público trata de compartir a ese artista con quien sea. Se aseguran de que se sepa que su ídolo vale la pena. Y además siento que me cuidan. Cuando he escrito algo con tristeza y congoja me llueven correos de gente que está preocupada por mi estado emocional. Donde más se nota esto es en los foros donde se reúnen los fanáticos. Hay un foro de Leusemia con más de 5.000 participantes.
¿Te conectas frecuentemente a este foro?
Siempre. Ahí me he dado cuenta de este cambio de mentalidad, la de ser sensible a todas las expresiones del ser humano. Antes, la gente se cerraba en su género y de ahí no salía. Ahora la gente escucha rock, escucha metal o salsa o bachata, reggaetón o cumbia. Siempre estoy metido ahí, tengo un espacio para mí y respondo preguntas, así sea la cosa más absurda, trato de contestarla. Es la forma más efectiva de comunicar algo. Internet es todo.

TODOS LOS MUNDOS DE NATALIA PARODI


“La dicha es una vocación menos común de lo que uno se imagina”
Simone de Beauvoir

Natalia Parodi ha vivido siempre entre dos mundos: la psicología y el arte. Cursa actualmente una maestría de Terapias Intensivas y es actriz, de teatro. Su incursión en la televisión une ambas facetas. Es una de las conductoras de “Tres G”, el programa de conversación temática de Plus TV, donde –se supone– es la voz de los jóvenes de veintitantos años, esos que todavía no se acostumbran a la idea de ser adultos. Pero ella no parece la menor, tal vez porque es muy preguntona y siempre opina acerca de todo desde su perspectiva de psicóloga. O tal vez porque anda en una constante búsqueda de experiencias de vida.
Así se trasluce la personalidad de Natalia en esta entrevista, como una mujer que siempre quiere asumir retos nuevos, como lo es su debut como guionista en la segunda temporada de la miniserie “Esta sociedad”, que saldría al aire en los próximos meses.
Por Rubén Barcelli Suárez

¿Siempre te ha gustado escribir historias?
En una época me provocó escribir algo así como un diario। Quería registrar pensamientos acerca de la vida, que para mí eran importantes, pero nada más. Eso fue como hace seis años, nunca pensé en escribir de manera profesional.
¿Cómo partió entonces la idea de co-escribir el guión de la nueva temporada de “Esta sociedad”?
Fue a partir de que Javier Echevarría se fue a Colombia y dejó, no solo “Tres G”, sino también el equipo de guionistas de “Esta sociedad”. Y como soy muy amiga de Bruno Ascenzo, me llamó para que integrara el equipo junto con Mariana Silva y Jesús Álvarez. Fui una fresca porque yo soy psicóloga de profesión. Nunca he estudiado para ser guionista, así que la gente especializada en ese tema tendrá justa razón en criticarme. Pero me ha costado muchísimo. A veces me he demorado cuatro horas para escribir una página del guión.
¿Cuál crees que ha sido tu mayor aporte al guión?
Mi punto de vista como psicóloga. Aporté acerca de cómo suelen ser las problemáticas de los adolescentes, que es mi especialidad en psicología.
¿Qué personajes te han cautivado más?
Me han conmovido mucho las chicas: Bibiana y Mirkala. Me ha parecido alucinante escribirlas. La vulnerabilidad de un corazón adolescente es delicioso, toda esa creatividad, el humor, la audacia, la energía.
¿Te gustaría volver a ser adolescente?
No. Es una etapa que cumple su ciclo. En cuanto a creatividad, me encanta. En cuanto a crisis de identidad, no. La adolescencia se trata de encontrar tu identidad y construirla. Es una díada interesante y paradójica. Es construir y deconstruir a la vez. La adolescencia es la etapa en que construyes la base de tu personalidad. Y no quiero volver a pasar por crisis de identidad. Además, lo que más me gusta de la adultez es la autonomía. No quiero volver a pedirle permiso a mi papá para salir. Es una contradicción en mi vida, porque desde que soy grande salgo menos. Antes me quería quedar en la calle hasta las cinco o cinco y media de madrugada. Ahora me acuesto a la una. La más patética. Claro, porque trabajo y termino cansado al final del día. Pero ahora dispongo de mi tiempo, de mi plata y de mis espacios. Eso es lo que no quisiera perder. En la vida uno va conquistando cosas, ¿para qué vas a retroceder? Pero igual me parece una etapa maravillosa.
¿Cuando eras adolescente leíste “El guardián del hielo” de José Watanabe, tu poema favorito?
Lo escuché en una clase que llevaba cuando estudiaba en la Unversidad Católica. Al principio no me dijo nada porque una de las palabras del poema es ‘heladero’ y no me parecía una palabra poética. Pero luego entendí realmente su significado y me pareció fascinante.
¿Por qué te gusta un poema que trata acerca del amor efímero?
No se trata del amor efímero। Se trata de lo eterno de algunos momentos। La eternidad no se puede planear, ni puede lograrse porque tú lo decidiste. Si vives pensando en el futuro no vives lo que te está pasando. Hay que aprovechar todo mientras es. Eso nadie te lo va a quitar.

¿Debido a que valoras tanto estos ‘momentos eternos’ es que te convertiste en actriz, para emprender una especie de búsqueda interior?

Hace dos años que no actúo porque estoy estudiando una maestría relacionada con la terapia a través del arte, que integra estos dos mundos. Esa experiencia me ha regresado a una búsqueda más genuina, de vida, de qué cosas me importan y cuáles me conmueven. Y esa búsqueda se puede dar en cualquier ámbito de mi vida. En “Tres G”, junto con Gianfranco Brero y Giovanni Ciccia, nos preguntamos en cada programa qué cosa hay de interesante en el mundo. Incluso con temas que a mí no me dicen nada trato de entender cómo otras personas se sienten motivadas por determinadas pasiones.
¿Cómo así llegaste a tener un programa de conversación como “Tres G”?
Lo que pasó fue que presenté junto a unos amigos un proyecto de programa de corte juvenil al canal, cuando este todavía se llamaba Antena3. Al final no apostaron por el programa, pero a mí me llamaron para que integrara “Tres G”, que era un proyecto propio del canal.
¿Cómo sientes que se ha ido dando la evolución del programa?
Desde un inicio se pensó que la conducción tenía que fluir naturalmente. Al principio nosotros investigábamos mucho acerca del tema de cada programa. Pero por suerte “Tres G” no es un programa de entrevistas. Nosotros no necesitamos hacernos cargo de todo el contenido, para eso están los invitados.
¿Antes ustedes tomaban más el protagonismo del programa?
Es que sentíamos que era nuestra obligación estar a cargo. Y yo poco a poco me he ido relajando. Antes me concentraba bastante en el tema. Estaba muy seria. Pero ya no. Ahora ya no me parece importante que yo aporte mucho, solo si es necesario. Además de todas tus facetas también eres políglota...Ese término de ‘políglota’ es demasiado. Domino muy bien el inglés y el francés. El italiano lo sé a un nivel básico, pero no puedo comunicarme en italiano. Antes sí podía. El italiano es muy fácil, pero hay que hablarlo constantemente. Es que viajé a Europa y conocí Roma. Me quise quedar a vivir allá, pero me enamoré y me quedé en el Perú.
¿Cómo puede tu esposo lidiar con una agenda tan sobrecargada como la tuya?
Él también trabaja en teatro, así que me entiende. Hasta termina de trabajar antes que yo. Pero siempre hay tiempo. Tenemos una vida de pareja más nocturna que diurna.
¿Te ha cambiado la tele?
Yo no he cambiado, pero sí siento que cualquiera te diría que sí. Nadie va a responder “sí, se me han subido los humos”. Nadie va a admitir una cosa así. Yo tampoco. Lo que sí me ha dado el programa es mucha más apertura hacia las personas. Antes me era muy difícil poder hablar en un grupo de seis personas sobre algo. Yo soy más bien la reina de las conversaciones de café, de a dos. En “Tres G” es más complicado, porque tienen que entretejerse los comentarios. Eso lo he aprendido gracias al programa. He desarrollado una habilidad que no tenía.
¿La gente ha cambiado de actitud frente a ti?
He percibido un mayor reconocimiento de la gente, que se siente bien. Pero no es masivo ni abrumador. Es una señora que se me acerca en un restaurante, con total naturalidad y sin nada de idealización, porque me conocen como conductora de televisión, no como actriz. Entonces me sienten mucho más cercana. No me piden autógrafos y eso me encanta. Si alguna vez alguien lo hace, se lo doy, pero es bacán que la gente no necesite una reliquia de mí.
Tu frase favorita es “La dicha es una vocación menos común de lo que uno se imagina”, de Simone de Beauvoir.
Me parece muy importante saber que no mucha gente se pone como meta ser feliz. Es vital reflexionar acerca del hecho de que si uno no va en esa dirección, nunca va a llegar. Hay que tenerlo en mente.
¿Eres feliz ya?
Sí, soy feliz. Bastante feliz. Pero no plenamente. Creo que eso se construye siempre. No sé si llegue un momento en mi vida en que me sienta completa. No creo. Todavía tengo pendientes algunos logros que quiero conseguir. Si eso se trunca sería un poco frustrante. Quiero lograrlos.

LAS ESPECTACULARES FOTOS DE STEPHANIE CAYO




UNA GALERÍA DE FOTOS DE
STEPHANIE CAYO
CORTESÍA REVISTA DON JUAN

Hey, Mr. Bob Dylan




Falta poco, apenas dos semanas, para que Bob Dylan toque otra vez –la tercera, la vencida– en Buenos Aires Será el 15 de marzo en el estadio de Vélez, en una noche que abrirá León Gieco, y que promete leyenda, emoción y, por qué no, alguna excentricidad. Todo fan de Dylan ha soñado alguna vez con su concierto ideal, con el puñado de canciones que conformarían la velada perfecta. Esta es sólo una selección posible de favoritas, cada una con su historia, con su magia. Esta es sólo una bienvenida. Un homenaje. Y un gracias.

Por Rodrigo Fresán / Suplemento Radar de Página 12

Dylan no para, Dylan vuelve y –si bien en los últimos tiempos su repertorio parece haberse estabilizado bastante– nunca se sabe qué puede ocurrir durante un concierto de Dylan. Exitos indestructibles, joyas oscuras, covers que van de la A de Aznavour a la Z de Zevon. Cualquier cosa puede pasar. Y pasa. Lo que no impide que los fans lleguen a esa noche esperando volver a sus hogares luego de haber oído favoritas públicas y privadas. A continuación, la historia de un puñado de ellas (favoritas mías y de muchos, y faltan tantas otras aquí) que quizá floten, dentro de poco, en el viento –idiota o no– de una ciudad llamada Buenos Aires.


Manuscrito con la letra de “Blowin’ In The Wind”, de puño y letra de Dylan

BLOWIN’ IN THE WIND
The Freewheelin’ Bob Dylan
1963
“Fue nada más que otra de las canciones que escribí por entonces. Tenía la sospecha de que era algo especial, pero no sabía hasta qué punto. Ya sabes: la escribí para el momento”, explicaría Bob Dylan muchos años después. Pero “Blowin’ in the Wind” es, todavía hoy, un artefacto que funciona tan bien como en el primer día. La astucia acaso intuitiva de una melodía sencilla (basada en el lamento tradicional de esclavos “No More Auction Block”) y una letra de aliento evangélico con eficacia de sermón de montaña y confeccionada a base de preguntas para rematar con una respuesta que no da instrucciones precisas. Perfecta estrategia para una canción pacifista que se da por vencida nomás empieza. Dylan recordó que, los que la oyeron por primera vez, le auguraron un gran éxito. “Vas a ganar como 5000 dólares me dijeron. ¡5000! Para mí eran como un millón de dólares. Nunca pude saber que sería un hit. No soy tan listo. Supongo que la explicación de cómo y por qué escribí ‘Blowin’ in the Wind’ está flotando en el viento.” Pero en la contraportada de The Freewheelin’ Bob Dylan ya había dejado bien claro el transparente mecanismo del profundo misterio: “La primera manera de responder a estas preguntas en la canción reside en hacer las preguntas. Pero muchas personas primero deberán encontrar al viento”. Joan Baez reflexionó recientemente: “La gente espera que vuelva el compromiso político de los ‘60. Pero el problema está en que nadie volverá a escribir ‘Blowin’ in the Wind’”.

MASTERS OF WAR
The Freewheelin Bob Dylan
1963

Probablemente el himno antibelicista más efectivo y brutal de toda la historia. Un arma de destrucción selectiva apuntada y dando en el blanco correcto. “Jamás había escrito algo así antes. Yo no canto canciones donde digo que deseo que ciertas personas mueran, pero no pude evitarlo con ésta”, explicó Dylan. La ha incluido en sus conciertos a lo largo de toda su carrera y –en un gesto para muchos controversial– la interpretó al recibir un Grammy honorífico en 1991 en plena Guerra del Golfo Parte I. Al respecto, Dylan le explicó a Mikal Gilmore de Rolling Stone: “Me llamaron para comunicarme que me iban a dar uno de esos premios que en realidad no sabes si son un reconocimiento o un insulto. Lo único que me acuerdo de esa noche es que yo tenía una fiebre muy alta y que estaba, también, muy desilusionado. Había estallado la guerra y todos los músicos que habían escogido para cantar mis canciones no querían subir a aviones, preferían quedarse con sus familias. Así que en lugar de que cantaran ellos me pidieron que cantara yo. Y yo estaba muy decepcionado de toda esa gente supuestamente tan idealista y elegí ‘Masters of War’. Así que subí y la canté. Por entonces la prensa me percibía como a alguien completamente irrelevante. Pero lo que no saben es que yo siempre tengo una canción para cada momento”.

A HARD RAIN’S A-GONNA FALL
The Freewheelin’ Bob Dylan
1963

“Es una canción desesperada”, sintetizó un entonces joven pero maduro Dylan. Fue escrita en un sótano en los días de la crisis de los misiles cubanos. Pero –según su autor– sin referirse “a una lluvia atómica ni a nada por el estilo. Es una lluvia pesada. Una especie de final inminente. Las palabras salieron rápido. Muy rápido. Es una canción sobre el terror. Línea tras línea, intentando capturar esa sensación de la nada. La escribí pensando que ya no tendría mucho tiempo para escribir otras”. Está claramente basada en la balada/canción de cuna tradicional ‘Lord Randall’, pero Dylan la reinventa y la hace suya para siempre o, por lo menos, hasta que todo acabe. Leonard Cohen y Joni Mitchell han declarado que decidieron ser cantautores luego de escucharla por primera vez. Mike Scott –de The Waterboys– la definió así: “Una canción descendiendo desde la cima de la montaña. No hay nada mejor que esto”.

THE TIMES THEY ARE A-CHANGIN’
The Times They Are A-Changin’
1964

El más talentoso publicista de Madison Avenue no podría haberlo hecho mejor. He aquí el mejor jingle hecho a medida para que los hijos se lo arrojen a sus padres en la cara. Bíblica y acaso demasiado astuta, resulta innegable su poder residual, que incluso impresiona al mismo Dylan, que la ha mantenido en su repertorio porque “cada vez que la canto siento como si la hubiese compuesto ayer”. Sin embargo, muchos consideran que ya es hora de dejarla de lado porque ha perdido todo sentido cantada por un señor mayor que, además, no dudó en “alquilarla” para un aviso televisivo de la megaempresa consultora Coppers & Lybrand y para otro del Bank of Montreal.
Una postal de sus épocas de militancia por los derechos civiles: junto a Joan Baez y Paul Stookey en el Lincoln Memorial, el día de la marcha sobre Washington, 28 de Agosto de 1963.

IT’S ALL RIGHT, MA (I’M ONLY BLEEDING)
Bringing It All Back Home
1965

Prueba incuestionable de que, en realidad, Dylan no deja entonces la canción de protesta sino que, en realidad, no se la deja a sus anticuados defensores y se la lleva con él a alturas jamás alcanzadas entonces y desde entonces. Pensar en ella, mejor, como en una épica de protesta. Algo muy por encima de una simple canción quejosa. No existía nada parecido a esto cuando Dylan la presentaba a solas con su guitarra y armónica en sus conciertos de 1965 y sigue sin haberlo cualquiera de estas noches cuando –convertida en una especie de fúnebre rockabilly en cámara lenta con violín feroz– la interpreta junto a su banda de forajidos con sombrero de cowboy.

En una habitación londinense, luego de uno de sus conciertos, se produciría el siguiente intercambio entre Dylan y John Lennon: “Gran concierto, viejo”, dijo Lennon. Dylan gruñó: “No les gustó ‘It’s All Right, Ma’”. Lennon consoló: “Es el precio que pagas por estar adelantado a tu tiempo”. Dylan gruñó otra vez: “Tal vez. Pero estoy adelantado nada más que veinte minutos”.

Aun así, Dylan la interpretó en la celebración de los treinta años de carrera que le organizó la Columbia. Y en coincidencia con el lanzamiento de su libro, Crónicas Volumen I, Dylan concedió su primera entrevista televisiva en casi veinte años al programa 60 Minutes. Allí comentó que ya no poseía aquella rara e irrepetible magia que le hizo escribir canciones como ‘It’s All Right, Ma (I’m Only Bleeding)’. “Pero puedo hacer otras cosas”, añadió.

Y atención: ésta es la canción que escucha el joven A. J. en el muy comentado episodio final de Los Soprano junto a su amiguita rubia. Y ambos asienten con cara seria. Después, enseguida, su auto se incendia.

MR. TAMBOURINE MAN
Bringing It All Back Home
1965

Himno íntimo sobre un avatar psicodélico antes de que estalle la psicodelia, este Mr. Tambourine Man es un personaje/símbolo recurrente en la obra de Dylan que más tarde –bajo diferentes máscaras y humores– podrá ser el Mr. Jones de “Ballad of a Thin Man” o “Jokerman”, el “Man in the Long Black Coat” o “Handy Dandy”. Dylan citó como influencias para la canción al bajista Bruce Langhorne (que apareció en una sesión de grabación con una pandereta gigante), a La Strada de Federico Fellini y a un Mardi Gras que pasó en Nueva Orleans en 1964. Una de las preferidas de Dylan al punto de –como declaró a la revista Sing Out en 1968–: “Intenté escribir otra ‘Mr. Tambourine Man’. Pero no fue una buena idea. Es la única canción de la que he intentado escribir ‘otra’ canción”.

LIKE A ROLLING STONE
Highway 61 Revisited
1965

“¡Qué cosa tan formidable fue vivir en un mundo regido por Engelbert Humperdinck y, de pronto, aquí viene ‘Like a Rolling Stone’!”, dijo Elvis Costello. “Like a Rolling Stone” es la más perfecta y salvaje y al mismo tiempo civilizada canción-de-odio escrita por Bob Dylan y a la vez el himno definitivo sobre la pérdida de la inocencia y el modo en que la experiencia te curte hasta fosilizarte. Dylan la definió como “vomitífica. Tan sólo vino a mí. Todo empezó con ese riff de ‘La bamba’”.

El resto es leyenda y es tan asombroso como verificable: la gran idea de comenzarla como cuento de hadas embrujadas con un “Once upon a time”; Al Kooper colándose en la sesión y tocando por primera vez teclados para conseguir la línea de órgano más reconocible y pegadiza desde Bach; la inequívoca sensación de que la banda la toca mientras rueda montaña abajo y que todo puede derrumbarse en cualquier instante; la edición en single (que casi no se produce porque el departamento de marketing de la Columbia lo consideraba un suicidio artístico y comercial) de la canción cortada por la mitad y un mes antes del álbum. Dijo Dylan hace poco: “Es como si un fantasma escribiera una canción como ésa. Te entrega la canción y luego se marcha. No estás del todo seguro de lo que significa. Lo único que sabes es que un fantasma te eligió a ti para que la pusieras por escrito”.

BALLAD OF A THIN MAN
Highway 61 Revisited
1965

“¿Quién es Mr. Jones? Nunca te lo diré porque me demandarían. Tan sólo te diré que usa tiradores”, le respondió Dylan a un periodista en 1965. Y otra obra maestra. Dylan & Kafka Inc. y un riff al piano tan reconocible como la Marcha Fúnebre de Chopin o los compases que abren la Quinta Sinfonía de Beethoven. Música para temblar o la perfecta interpretación sónica de un mal trip ácido y amargo. El Mr. Jones de “Ballad of a Thin Man” también es mencionado en “Yer Blues” de The Beatles y en el “Mr. Jones” de Counting Crows. En 1985, Dylan dijo refiriéndose a esta canción en particular y a sus canciones en general: “La gente disecciona mis canciones como si fueran conejos pero ninguno se da cuenta de qué van. Quiero decir, ¿alguna vez has oído “Something’s happening here but you don’t know what it is do you, Mr. Jones” (“Algo está pasando aquí pero no sabés lo que es, ¿no es cierto, Mr Jones?) sonando sobre una guerra en el Líbano? ¿O como fondo a la epidemia del sida? ¿O sobre los huesos de Mengele? A veces siento que he estado haciendo esto por demasiado tiempo’”.
El mesías eléctrico: Dylan y The Hawks (que luego serían The Band), con Robbie Robertson bien al frente, durante la mítica gira por Gran Bretaña de 1966. Allí fue donde un enojado fan de sus comienzos acústicos le gritó: “¡Judas!”.

HIGHWAY 61 REVISITED
Highway 61 Revisited
1965

Canción omnipresente y casi punk en las giras recientes de Dylan. Cualquiera que haya estado allí sabe a lo que me refiero: ese modo en que Dylan estira el “Sixtyyyyyyyyyyyyy one!” al final de cada estrofa. En 1968, John Cohen le preguntó a Dylan dónde quedaba exactamente la Highway 61. Dylan respondió: “Alguna vez lo supe, pero ahora me parece que fue hace tanto tiempo que ni siquiera me atrevería a intentar recordarlo”.

VISIONS OF JOHANNA
Blonde On Blonde
1966

Anfitriona del, se dice, mejor verso en todo Dylan: “The ghost of electricity howls in the bones of her face” (“El fantasma de la electricidad aúlla en los huesos de su rostro”) Y también habitual ganadora como mejor canción del hombre. Existen varias versiones sobre por qué Dylan no podía encontrar el tono justo de lo que en principio se tituló “Freeze Out” o “Seems Like a Freeze Out” y que tal vez trate del momento en que Dylan y Joan Baez rompieron y el momento en que Dylan y Sara Lownds se casaron. Así que quizá por una vez Dylan esté pidiendo disculpas mientras escribe todo esto en una habitación del Chelsea Hotel, famoso –-entre muchas otras cosas– por el ruido que hacían las cañerías de la calefacción, que no dejaban dormir a los huéspedes. Mención aparte merecen los músicos que, con delicadeza sobrenatural, parecen acompañar cada palabra de Dylan. “Cada una de las palabras significa tanto para mí cada vez que la canto... Es una de las que continúan siendo importantes. Tal vez sea más importante ahora que nunca”, comentó Dylan. Una catedral de canción. El equivalente a “A Day in the Life” en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Nadie ha escrito y cantado y sonado mejor –ni volverá a sonar y cantar y escribir mejor– acerca de lo que significa padecer y disfrutar el insomnio del amor.

JUST LIKE A WOMAN
Blonde On Blonde
1966

Una de las grandes musas de Andy Warhol, Edie Sedgwick (1943-1971) fue, durante 1965, una suerte de botín de guerra entre las facciones encontradas de Dylan & Co. y Warhol Inc. Chica rica con tristeza, Edie fue primero avistada por Bobby Neuwirth –lugarteniente de Dylan– y recién después “descubierta” por Warhol, que la convirtió en protagonista de varias películas filmadas en The Factory. Todo parece indicar que Edie rompió con Warhol cuando entendió –por error o por engaño– que Dylan le ofrecía protagonizar una película a su lado o cantar juntos en un disco. Pero no hay ninguna evidencia de ello y, tampoco, de una relación sentimental entre el cantautor y esta bellísima freak de alta sociedad a pesar de lo que muestra el torpe film Factory Girl. Dylan, por su parte, nunca se llevó bien con Warhol: accedió a participar en uno de los screentests de The Factory pero, para horror del pintor, exigió a cambio e in situ, una vez concluida la filmación, uno de los cuadros que hizo Warhol con la figura de Elvis Presley. Cuenta Gerard Malanga que Warhol, al borde del colapso, no pudo sino entregarlo y que contempló espantado cómo Dylan lo ataba en el techo de su auto y se alejaba de allí para no volver. Tiempo después, para horror de Warhol, Dylan le daría su Elvis a Albert Grossman a cambio de un sofá. En lo que estrictamente a la canción se refiere, aquí está una de las melodías más hermosas de Dylan, cantada con un sentimiento que casi incomoda y orgullosa poseedora de uno de los bridges más sublimes jamás compuestos y erigidos. A las feministas no les gustó por considerarla misógina y desvalorizadora de la condición femenina. Woody Allen la utilizó para burlarse de Dylan y de sus fans en una escena de Annie Hall (1977). Dijo Dylan en 1978: “Siempre fue una canción que me dio miedo, pero ese sentimiento necesitaba ser eliminado”.

ALL ALONG THE WATCHTOWER
John Wesley Harding
1967

Dijo Robert “The Go-Betweens” Forster: “Es una canción bíblica. Si alguna vez fuera a filmar una película bíblica, Dylan sería a la primera persona que incluiría en el reparto. Tiene esa cara y siempre se ocupa de esa época. Dylan es el Viejo Testamento”. Una de las canciones insignia de Bob Dylan a lo largo de los años y habitante habitual a la hora de los bises de sus recientes conciertos junto a “Like a Rolling Stone”. En sus notas a la antología Biograph (1985), Dylan recuerda: “Probablemente se me ocurrió durante una tormenta de esas con truenos y rayos”.
El Bob que viene: tocando el martes pasado en el primero de sus dos shows para 10 mil personas en el Auditorio Nacional de México DF. Abrió con “Rainy Day Women #12 & 35” y cerró con “Like a Rolling Stone”.

I THREW IT ALL AWAY
Nashville Skyline
1969

Lo mejor de Nashville Skyline y un instantáneo standard country arreglándose para contener todos los clichés del género sin por eso privarse de personales e intransferibles toques dylanianos. Un pequeño himno íntimo que involucra a todo el que lo oye. Y, sí, aquí su “nueva voz” funciona y hace maravillas. Dijo Nick Cave: “Esta es mi canción favorita de Dylan. He aquí a un tipo haciendo el trabajo para el que Dios lo puso en la Tierra y haciéndolo bien. Yo siempre pensé que es una canción sobre el oficio: Dylan desentendiéndose de su propio mito, del peso de su historia, del proceso de escribir canciones. Y el modo en que lo hace es escribiendo una canción preciosa. Es matemática pura, música hecha números? Es como si fuera su faceta Mozart enfrentándose a su faceta Beethoven de todos los discos anteriores. Una canción que siempre funcionará como corresponde: me elevará, me hará mejor persona, me ayudará a continuar con mi vida. Una canción que le sirve al oyente. De eso se trata el genio”.

TANGLED UP IN BLUE
Blood On The Tracks
1975

La macroestética de Jack Kerouac –la reinterpretación de una vida elevada a mito épico– bajo el astronómico microscopio de Bob Dylan para ser convertida en canción perfecta. De lejos, uno de los ejercicios más logrados en el plano de la canción como forma narrativa. En sus notas para Biograph, Dylan explicó: “Supongo que intentaba armarla como si se tratara de una de esas pinturas en las que puedes ir apreciando sus diferentes partes y, al mismo tiempo, su totalidad. Eso es lo que me propuse con el concepto del tiempo, y el modo en que los personajes van cambiando de la primera a la tercera persona, al punto de que nunca estés del todo seguro si es la tercera o la primera persona que te está hablando”. Kevin Odegard –músico que participó en la grabación de “Tangled Up in Blue” en Minnesota– resumió así la rara emoción de estar allí mientras Dylan grababa esta obra maestra: “Fue lo más parecido a ver a Charles Chaplin como bailarín de ballet”. El periodista Nick Johnstone, de la revista Uncut: “Preguntarle a alguien por qué le gusta ‘Tangled Up in Blue’ es como preguntarle a alguien por qué le gusta respirar”. Dijo Dylan: “Me llevó diez años vivirla y dos escribirla”.

IDIOT WIND
Blood On The Tracks
1975

“Una canción sobre la fuerza de voluntad. Su filosofía es una filosofía hecha pedazos por la fuerza de voluntad”, diría Dylan. Catarsis pura. Poesía verité. La gran canción de amor/odio de Dylan. Aquí hay de todo y para todos y sálvese quien pueda y nadie se salva. Dolor y furia y más dolor y más furia. Hay una versión “triste” (oírla en The Bootleg Series, Volumes 1-3: Rare and Unreleased, 1961-1991) y una versión poco menos que flamígera (en Blood on the Tracks) y una versión donde queda claro que el incendio no dejó nada en pie (en Hard Rain). Las tres son formidables porque se trata de una canción formidable. Alguien apuntó que “es el equivalente de uno de esos tipos que se te acercan en un bar y te empiezan a hablar y no paran y es cada vez peor y cada vez más terrible lo que te cuentan. Y, claro, no puedes dejar, no quieres dejar, de escucharlo”. Y Bob Dylan: “Ah, ‘Idiot Wind’. Nunca se detiene. ¿Dónde terminarla? ¿En qué momento ponerle fin? Todavía podría estar escribiéndola”.

ISIS
Desire
1976

Compuesta junto a Jacques Levy para Desire. Una canción misteriosa, donde no se llega a saber si las heladas pirámides son egipcias o aztecas (aunque el 5 de mayo es una importante fecha patria mexicana) y en la que, al final, nada es revelado y se descubre que no hay enigma más apasionante –al menos para Dylan– que el del matrimonio. Años después, Dylan recordaría: “En cuanto a ‘Isis’, cada cual puede interpretarla del modo que quiera siempre y cuando no se acerque demasiado a ella, ja”. “Isis” se convirtió en uno de los grandes momentos en los conciertos de la Rolling Thunder Revue donde, por consejo de Patti Smith, Dylan dejaba de lado la guitarra para interpretarla, con su rostro pintado de blanco, utilizando mucho sus brazos para “actuar” la canción.

EVERY GRAIN OF SAND
Shot Of Love
1981

Canción en la que Dylan se las arregla para hacer de lo religioso algo íntimo, personal, intransferible al tiempo que, generoso, ofrece compartir una epifanía con sus oyentes. Pero lo que diferencia a “Every Grain of Sand” en el contexto de sus canciones devocionales es que aquí Dylan se permite confesar sus dudas llegando a lamentar la ausencia de un Dios cuyas pisadas ya no oye. Dylan precisó: “Es una hermosa melodía que viene del folk. Una de esas canciones cuya sencillez resulta engañosa y que pueden haber sido escritas en tiempos de gran conflicto por más que tú no te hayas sentido así mientras la escribías. Escrita pero no revelada. Algunas canciones son mejores si se escriben en calma para, luego, cantarlas confundido”.

BLIND WILLIE McTELL
The Bootleg Series Vol. 1-3
1991

Muchos juran que se trata de una de las cinco grandes canciones en toda la obra de Dylan. Algunos incluso llegan a postularla como la número uno. El dylanólogo Michael Gray la considera “la canción más importante y atemorizante desde el ‘Heartbreak Hotel’ de Elvis”. Aquí, Bob Dylan rescata y honra la figura del bluesman Blind Willie McTell (¿1901-1903?-1959), entendido por muchos, a partir de sus letras, como el cantautor más dylanesco antes de Dylan y, ya que estamos, responsable original, en “Rough Alley Blues”, del verso “Lay across my big brass bed... que Dylan tomaría para “Lay, Lady, Lay”. Y si nadie cantaba los blues como Blind Willie McTell, entonces, luego de escuchar “Blind Willie McTell”, sabemos que nadie le canta a Willie McTell como Bob Dylan. Lo que no impidió que Dylan nunca la dejara fuera de Infidels. Aunque desde su edición en el primero de sus bootlegs oficiales no duda en incluirla en su repertorio en directo: “Nunca fue desarrollada como corresponde, nunca me senté a completarla. Esa fue la razón por la que se quedó fuera de aquel disco. Es como tomar una pintura de Manet o de Picasso: ir a sus casas y llevarse una pintura a medio terminar y vendérsela a personas que se dicen ‘fans de Picasso’. Los únicos fans que yo conozco son aquellos a los que miro noche tras noche mientras estoy tocando”.

SERIES OF DREAMS
The Bootleg Series Vol. 1-3
1991

Los conocedores del talante de Dylan aseguran que el cantautor decidió dejar fuera de Oh Mercy dos grandes canciones como “Series of Dreams” y “Dignity” sólo para molestar al productor Daniel Lanois y así hacer valer su autoridad. Puede ser. También es posible que Dylan no se sintiera satisfecho con ellas porque, no muy en el fondo, casi nada le satisface. Aquí, Dylan suena como jamás llegará a sonar U2. Otra de sus letras enumerativas en la que recuerda sueños o partes de sueños con cierta desgana y, paradójicamente, consiguiendo un todo muy despierto y comprometido con ese soberbio y humilde “I’d already gone the distance”. Toda la canción puede ser entendida como una suerte de autobiografía onírica y mítica de su carrera y éste fue el concepto utilizado por el videoclip (valiéndose de abundante material de archivo, de todos los Dylans) para plasmar la más lograda aproximación del cantautor a la estética MTV junto a lo que después hizo Dave Stewart para promocionar el Blood in My Eyes de World Gone Wrong. De Crónicas Volumen I: “Grabamos ‘Series of Dreams’, y aunque a Lanois parecía agradarle, le gustaba más el puente y quería que la canción entera sonara así. Yo entendí a qué se refería, pero eso era imposible”.

NOT DARK YET
Time Out Of Mind
1997

Más que posiblemente la mejor canción de Time Out of Mind y en la que mejor se compaginan el genio de Dylan y las atmósferas sónicas de Daniel Lanois. La interpretación vocal es, sin duda, de las mejores y más emotivas de toda su carrera. Lo mismo sucede con sus versos sencillos para referirse a la complejidad de quien se sabe cerca del final. He aquí la canción de un hombre mayor y cansado, pero no por eso menos sabio, inaugurando algo que llevaría al extremo en su siguiente álbum, Love and Theft: el rock más que adulto, el rock crepuscular. Un hombre a la caza de un sonido y de “una música que se filtra hasta mí antes de que rompa el alba, cuando ya estás un poco como flotando por el sólo hecho de haber permanecido despierto toda la noche”. Dijo Dylan: “Lo que me rodea, el ambiente, es algo que me influye mucho. Casi todas las canciones de Time Out of Mind fueron escritas al caer la noche. Y me gustan las tormentas. Me gusta quedarme despierto durante las tormentas. Y me gusta el sonido de la gente rezando”.

THINGS HAVE CHANGED
Wonder Boys BSO
2000

La mejor canción de Leonard Cohen jamás escrita por Bob Dylan. Y, para Dylan, una de sus canciones más importantes porque –desde siempre un fan del cine– le valió un Oscar y un Golden Globe en el 2001. Escrita por encargo del director Curtis Hanson para su adaptación de la novela Chicos prodigiosos de Michael Chabon, nacido en 1963 y seguidor de Dylan desde que escuchó por primera vez “Isis”, en 1976, y descubrió “en el dolor y el ardor de esa voz arrasada por el viento, la voz de un cowboy judío”. “Things Have Changed” es otra de esas grandes odas dylanianas sobre el asco que es la vida pero qué se le va a hacer. “Tener un Oscar me coloca en un nivel distinto”, se enorgulleció.

Y agregó: “Si no lo hubiera ganado, una parte mía se habría sentido completamente desolada”.

SUMMER DAYS
Love And Theft
2001

Rockabilly demencial para una de las canciones más graciosas jamás compuestas por Dylan y clásico instantáneo y casi permanente en sus conciertos de los últimos años. Guiños aquí a Confessions of a Yakuza del Dr. Junichi Saga. Pero la más grande apropiación en “Summer Days” sale de The Great Gatsby de Francis Scott Fitzgerald. Ese momento donde un Dylan en llamas proclama que, por supuesto, se puede repetir el pasado. Y “Summer Days” es la mejor prueba de ello.

HIGH WATER (FOR CHARLEY PATTON)
Love And Theft
2001

Otra de las piezas centrales de Love and Theft y –según admitió en una entrevista– la favorita de Dylan de este disco. Y esto se nota especialmente cuando se la oye en directo, con Dylan al piano, convertida en algo mucho más largo y sinuoso y desbordado, como río sin ganas de respetar su curso. Apocalíptica, aluvional y conectando directamente con los kilómetros más febriles de “Highway 61 Revisited”, este himno para el fin del mundo tal como lo conocemos reconoce desde el título su deuda con los sendos “High Water Everywhere” que Charley Patton (1891-1934) grabó en 1929, pero lleva a esos blues primigenios todavía más lejos sin por eso privarse de otra retrorreferencia a la “escoba” de Robert Johnson. Dylan afirmó: “Love and Theft no es un disco que grabé para complacerme a mí mismo. De haber querido hacer eso me hubiera limitado a grabar nada más que canciones de Charley Patton”.

NETTIE MOORE
Modern Times
2006

Lo mejor de todo Modern Times y, seguramente, una –otra– de las mejores canciones en todo el catálogo de Dylan. Y, de acuerdo, existe una vieja tonada del siglo XIX casi con el mismo titulo (“Gentle Nettie Moore”, compuesta por James Pierpoint, autor también del clásico navideño “Jingle Bells”) pero Dylan se apropia amorosamente del título y de la primera línea del estribillo, le inyecta unas gotas de Robert Johnson, y consigue algo nuevo y magnífico. Pocas veces Dylan ha cantado con más emoción y emocionando tanto en una de sus mejores letras, citable de principio a fin y donde aparecen y desaparecen versos sublimes. Y, una y otra vez, el magnífico estribillo cantado con voz que se quiebra en los sitios justos: “Oh, te extraño, Nettie Moore / Y mi felicidad se terminó / El invierno se ha ido, el río está creciendo / Te amé entonces y siempre lo haré / Pero no queda nadie aquí a quien contárselo / El mundo se ha tornado negro ante mis ojos.” Obra maestra absoluta y la perfecta compañera para Not Dark Yet, esa otra canción sobre el estar yéndose, apagándose, pero no todavía. Porque ahora es el momento de brillar más que nunca.

“Voy a dar la vuelta al mundo / Eso es lo que haré / Y después regresaré a verte”, advierte aquí Dylan.

Perfecto. No hay problema.

Aquí estaremos, aquí estamos.

Que tengan buenas noches, buena noche.

Y –ojalá– que Bob Dylan también.

Los veremos VOLVER / SODA STEREO VUELVE A TOCAR EN LIMA ESTE 8 y 9 DE DICIEMBRE



El Perú no fue incluido como destino para sus conciertos de despedida, en 1997. Gracias a la gira de reencuentro ‘Me verás volver’, Soda Stereo tiene la oportunidad de reivindicarse con sus fanáticos peruanos, quienes esperado una década entera para volver a escuchar en vivo a la banda insignia del rock en español


El acontecimiento no tiene un motivo aparante, como algunos sospechan. No es por dinero que volvieron. Como tampoco fue una pelea la que los separó. Y menos tienen planeado grabar algo nuevo. Aún así, nada de eso importa: Gustavo Cerati (48), Zeta Bosio (49) y Charly Alberti (44) han vuelto.

Durante la década que la banda estuvo separada los rumores de una posible reunión siempre estuvieron presentes en los fanáticos. Solo en 2002 el trío se reunió en los premios MTV Latinoamérica para recibir el premio ‘Legend’ por su trayectoria musical.

En 2004 se conoció la primera señal de esperanza. Sony Music lanzó el primer DVD de Soda Stereo con mucho material inédito, proporcionado por Gustavo, Zeta y Charly, además de personas muy allegadas a la banda. Se llamó ‘Soda Stereo: Una parte de la Euforia (1983-1997)’. Se trataba de un documental que su historia mediante imágenes de conciertos, backstage, entrevistas, ensayos, pruebas de sonido, presentaciones en TV, etc. Pero esto era solo una migaja para los fanáticos que los querían a ellos, allí, nuevamente bajo las luces del escenario.

Nada personal

Tampoco fue por un móvil musical la razón de su unión. Todo empezó a principios de los ochenta cuando aún eran dos. Sólo Gustavo y Zeta, que eran lo suficientemente amigos como intercambiar discos de The Police. Que soñanaban con formar una banda, pero les faltaba el baterista.

Justo por entonces Carlos Ficcichia —nombre legal de Charly Alberti— llamaba insistentemente por teléfono a María Laura Cerati, hermana de Gustavo, para invitarla a salir, pero ésta pensaba que era un ‘pesado’ y no lo quería atender.

En una oportunidad, fue Gustavo quien atendió una llamada de Charly para su hermana, y entablaron una conversación de compromiso, en la que Carlos contó que tocaba la batería y que era hijo de un famoso baterista de jazz: Tito Alberti.

A la semana, Gustavo y Zeta decidieron visitar a Charly Alberti, para escucharlo tocar en la batería de su padre. Allí se formó Soda Stereo. Entre los nombres probables (Aerosol, Side Car, Los Estereotipos, etc) surgieron ‘Soda’ y ‘Estéreo’, dando como resultado Soda Stereo. Desde allí siempre se llamaron Soda Stereo, hasta hoy.


La gira

Comenzó el 19 de octubre en el estadio Monumental de River Plate, en Buenos Aires, con 5 recitales (19, 20 y 21 de octubre, 2 y 3 de noviembre). Están programados también dos recitales en Santiago de Chile, uno en Guayaquil (Ecuador), cuatro en México (uno en Monterrey, uno en Guadalajara y dos en el D.F.), dos en Estados Unidos (Los Ángeles y Miami), en Bogotá (Colombia), en Ciudad de Panamá, en Caracas (Venezuela), en Lima (Perú), para cerrar Córdoba (Argentina).


Discos brillantes

Cinco de sus álbums han sido incluidos en listas de mejores de todos los tiempos: Canción animal (1990), Signos (1986), Soda Stereo (1984), Comfort y música para volar (1996) y Sueño Stereo (1995).

BRISSA MÁLAGA, LA JOVEN REVELACIÓN DE LA TABLA PERUANA




Sus dos grandes metas para este año son ganar por tercera vez consecutiva el campeonato nacional de surf y pasar al cuarto ciclo de Psicología. Así es la rutina de esta joven tablista, entre las aulas y los tubos envolventes de las olas.



¿Cuáles son tus metas como tablista profesional para este y el próximo año?

Ser campeona nacional por tercer año consecutivo en la categoría open damas y ganar el campeonato panamericano que va a ser en noviembre en Chile. Y el próximo año también quiero ganar el circuito nacional y el circuito panamericano.

¿Quiénes son tus ídolos y maestros del surf?

Mis tíos Miguel Plaza y Fernando Ortiz de Zeballos. Grandes tablistas. También Kelly Slater que ha demostrado que sí se puede ser varias veces campeón mundial si uno se lo propone. Y cómo no mencionar a Sofía Mulanovich, que siempre ha sacado la cara por el Perú. Además, Natalia Málaga es mi tía. Ella me ha ayudado mucho ya que sabe muchas tácticas. Pero a quien más agradezco es a mi papá, que es mi principal guía.

¿Cómo analizas el actual momento profesional de Sofía Mulanovich y Analí Gómez?

Las felicito. Es un honor que sean peruanas y sobre todo tenerlas como amigas y vecinas en Punta Hermosa.

¿Crees que los éxitos de Sofía y Analí han puesto de moda la práctica del surf?

Pienso que sí, pero solamente en las mujeres, antes éramos muy pocas chicas en el agua y ahora vemos cada vez mas.

¿Hasta qué edad piensas competir a nivel profesional?

Hasta que Dios y la salud me lo permitan। Por mí hasta que me muera.



Filosofía surf

¿Por qué te gusta tanto ser tablista?

Como tablista he viajado por buena parte del mundo representando a mi país. Lo llevo en la sangre ya que desde que nací vivo frente a las olas en Punta Hermosa.

¿Qué sensación te produce el mar?

Alegría. Cada vez que entro al mar me siento muy feliz pues me conecto con la naturaleza. Así de fácil no se siente algo parecido. El mar es todo.

¿Qué sientes cuando te enfrentas al mar y montas una ola?

Que la debo de aprovechar al máximo. Es una suerte poder montarte en ella antes de que otro lo haga.

¿Piensas en algo en especial cuando buceas debajo de una ola y estás sola con el mar?

Que no vea ningún animal raro porque realmente me moriría de miedo. También pienso que debo de concentrarme para que la respiración me alcance y no me ahogue.

¿Crees que exista una conexión espiritual entre las personas y el mar?

No sé si en todas, pero en mí sí। El mar es lo mas precioso, aparte de mi familia, que ha podido crear Dios. Te da buenas vibras cuando estás simplemente viéndolo y ni qué decir cuando estas dentro.


Psicóloga del mar

¿Cómo combinas en tu agenda diaria el deporte con los estudios?

En las mañanas voy a clases. En las tardes corro tabla y asisto a mis entrenamientos físicos que son básicos para mantenerte en un buen nivel. Quizás un día en que el mar esté muy bueno no vaya a clases, pero normalmente sí voy (ríe).

¿Aplicas tus conocimientos de psicología a tu carrera deportiva?

Ultimamente sí, debido a que estoy llevando cursos que realmente me ayudan a controlarme y a entender que si pierdo es por un factor externo y no porque soy mala. Simplemente hay veces en que se gana y hay veces que se pierde. También la carrera me ha ayudado a reflexionar mucho antes de actuar. Por ejemplo, cuando perdía, hace como dos años, tiraba mi tabla a la arena y si podía hacer pataletas las hacía, pero ahora me controlo y si quiero llorar o hacer pataletas las hago en mi casa y sola, no al frente de todo el mundo, y después reflexiono y analizo mis errores para nunca más cometerlos.

¿A qué le das prioridad en tu vida, a los estudios o al surf?

Qué difícil la pregunta. Si he decidido ser psicóloga tengo que cumplir con mis estudios y no defraudar a mis padres. Hay tiempo para hacer las dos cosas bien, sino mejor no las haría.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes que estudian y que también quieren ser tablistas profesionales?

Que sigan con los estudios y que no los dejen por nada porque te dan muchísima disciplina. Y que se animen a correr, si se puede todos los dias, pero después de clases. Que no falten a clases por ir a correr porque la playa no se va a mover. En cambio si te jalan en los estudios, ahí vienen los problemas. Hay tiempo para todo, solamente hay que saber administrarlo.

Perfil de campeona

-Ha sido campeona nacional de sub 16 en los años 2003 y 2004.

-Campeona nacional de la categoria sub 18 en los años 2004, 2005 y 2006.

-Campeona nacional de la categoria open damas en los años 2005 y 2006.

-Campeona de la triple corona de big head los años 2005 y 2006.

-Segundo lugar en el campeonato de la Triple Corona de Barena.

-Segundo lugar en la categoria sub 18 en el campeonato Billabong all girls day de 2005.


Ficha

Nombre: Brissa Málaga Aguad

Edad: 19

Estudios: tercer ciclo de Psicología.

Sus auspiciadores son Roxy, Motorola, Barena, Dr. Agusto mock, Bolle, Etnies, Klimax, Santa natura y Cial.